Florencia Ordoñez es escritora, autora de “La pulsión de las dos orillas”, “El susurro de la esperanza” y “Entera”. Actualmente, se está preparando, en su Ramallo natal, para la presentación de su cuarto libro: “Revelar la esencia: un viaje a las raíces lombardas”. “Todos mis libros son bilingües”, se sincera, “con la ilusión de poder presentarlos algún día en las ciudades italianas donde nacieron mis ancestros”. Florencia Ordoñez convierte la escritura en un puente entre Ramallo y las tierras de sus ancestros, Lombardía y Calabria. En esta entrevista con La Sfogliatella, habla sobre inmigración, identidad, literatura y su manera de mantener vivas las raíces italianas.
¿Quién es Florencia Ordoñez?
Sin siquiera llegar a presentarse, unas simples palabras saltan de su boca: “Amo mis raíces, las del norte y las del sur”. Es oriunda de Ramallo, provincia de Buenos Aires. Pero no es raro encontrarla en los eventos de la colectividad en CABA, tal vez en el Círculo Italiano o en alguna fiesta italiana. Su nombre completo es María Florencia Ordoñez, escritora, profesora de Lengua y Literatura y, también (y no menos importante) descendiente de italianos. Si bien no integra formalmente la Sociedad Italiana de Ramallo ni otra asociación de su ciudad natal, “participo de diversas propuestas e intento colaborar desde mi lugar”. Asimismo, actualmente forma parte de la Liga de Mujeres Italianas, presidida por la Cav. Irma Rizzuti. Los orígenes de Florencia se remontan a Calabria y a la Lombardía. Unos del norte y otros provenientes del sur del bel paese, las raíces laten en la vida profesional de Florencia. De hecho, sus cuatro libros son bilingües.
Ecos que resuenan desde dos orillas
Un lugar especial en el corazón de Florencia es ocupado por sus nonnos. Sí, usando ese neologismo que hace el plural, a la forma argentina, del sustantivo italiano nonno. Esa palabra tan italiana como argentina, tan hija de la inmigración, tan ítalo-argentina. Nonnos no existe en la lengua del bel paese pero está cargada de emoción para los descendientes. Es por ello que tal vez el relato de inmigración de la familia de Florencia Ordoñez sea similar a la de tantos otros migrantes que dejaron su Italia natal en busca de un destino distinto para sus familias. De todos modos, hay algo en esta historia que la vuelve única.

El lado materno proviene de Cermenate, una localidad lombarda vicina al límite con Suiza. “Mi tatarabuelo Pietro Rampoldi vino del norte de Italia, llegó a Ramallo y construyó su casa antes de la fundación de la ciudad, en 1873, cuando todo era campo. Empezó con un almacén de Ramos Generales. Luego fundó la panadería ‘Italiana’ a la que todos conocían como panadería Rampoldi, famosa por su gigante horno a leña”, recuerda Florencia casi viendo, como una película, la llegada de su tatarabuelo. Por otro lado, “mis bisabuelos maternos vinieron de Montalto Uffugo, provincia de Cosenza, Calabria. Se instalaron en el medio del campo, en la localidad de El Paraíso, partido de Ramallo”.
Cuando viajar a Italia es regresar a casa
Quizá cuando leemos el principio de la entrevista realizada a Florencia, algo resuena en nuestros oídos y, principalmente, en nuestro corazón. Especialmente, ese sueño de conocer los lugares tan nombrados por nuestros ancestros en cada relato. Es una experiencia que marca un antes y un después en la vida de cualquier descendiente de inmigrantes. No lo podemos evitar. Italia late en nuestro corazón antes – incluso- de haberla visto y recorrido, de haber pisado su tierra. Italia vive en las palabras en dialecto, en los aromas que deambulan por la casa los domingos a la mañana, en las conversaciones de la (eterna) sobremesa, en los sabores tan característicos que inundan el paladar. Y definitivamente, Italia vive en las manos que nos abrazan. Los ítalo-descendiente sabemos de lo que hablamos, desde siempre hemos vivenciado Italia como parte de nuestra identidad. Podemos decir, sin ninguna duda, que ese viaje de regreso a la tierra amada (nos) cambia, es un verdadero regreso a casa.
El camino desandado, Florencia (re)torna a Cermenate
Casi a la manera platónica, nuestra alma ya estuvo alguna vez allí, en ese pequeño paese, a través de la vida de nuestros ancestros. Y durante el viaje tan solo recordamos esa otra vida. Cuando pisamos el suelo amado, se detiene el tiempo. Se siente como si se estuvieran conectando dos existencias en un mismo lugar. Comenzamos a comprender muchas incógnitas que vivían latentes en nuestra cotidianeidad. Y para Florencia Ordoñez también llegaría ese momento, con un condimento muy especial.




“Estuve en Cermenate, presentando mi libro en la biblioteca comunale junto al Sindaco y a la asesora de cultura. Así pude unir a parte de la familia Rampoldi con los que quedaron en la ciudad natal de mi tatarabuelo con ese mismo apellido. Aún no se si hay un parentesco con los Rampoldi que siguen allí. Pude conocer el pueblo donde nació Pietro (mi tatarabuelo), estuve en la iglesia donde se bautizó. Allí vi su fe de bautismo y pude traerla con el tamaño del libro original. También tuve la fortuna de estar acompañada por una descendiente del apellido, Laura Rampoldi, que vive en Cermenate. Fue una experiencia muy fuerte. Solo tengo gratitud por esos momentos”.
“La pulsión de las dos orillas” como puente entre Ramallo y Lombardía
Sus cuatro libros son bilingües. ¿Por qué? “Siempre fue mi ilusión tenerlos traducidos para poder presentarlos algún día en las ciudades italianas donde nacieron mis ancestros”, responde sencillamente. Así “La pulsión de las dos orillas/ la pulsione delle due rive” fue presentado en diversos lugares de Argentina relacionados con la colectividad y también, en Cermenate. “Conocer el pueblo natal de mi tatarabuelo y abrazar a los descendientes que llevan el apellido Rampoldi fue una experiencia fuerte. También, este libro fue el motivo por el que el Presidente de la Región, el Dott. Attilio Fontana, me recibió en el Palazzo Lombardia”.
“El viaje a las raíces es hacer volver a nuestros ancestros a su ciudad natal”
Si bien Florencia pudo conocer la tierra de las raíces maternas, aún le queda un sueño por lograr. El viaje a Montalto es su asignatura pendiente. “En 2010, pude viajar a Calabria pero estuve lejos de la ciudad de mi bisabuelo Francesco Lucchetta, quien había llegado a El Paraíso (Buenos Aires). Florencia no lo conoció sino a través del relato de su nonna. “Mi abuela contaba que su papá nunca aprendió a hablar español, se negaba y falleció muy joven. Siempre crecí imaginando lo que debe de haber extraño su tierra natal. Necesito, de un modo u otro hacerlo volver, aunque sea a través de mí. Porque eso es el viaje a las raíces: es hacer volver a nuestros ancestros a su ciudad natal de algún modo”.
“No me imagino cómo sería mi vida sin poder escribir”
Cuando le preguntamos por el modo en que nació su amor por la literatura y por la escritura, se queda muda, sin palabras. No recuerda un momento exacto. “Escribo desde muy chica”, reconoce. Y añade: “Siempre fue la forma de sublimar mi realidad. No me imagino cómo sería mi vida sin poder escribir. Me siento muy cómoda en la prosa poética. Mis dos últimos libros están escritos de ese modo. Mientras que los dos primeros son de poesía”.




Florencia Ordoñez tiene la fortuna de poder vincular su profesión con sus raíces italianas. Y queda más que evidenciado en cada una de las presentaciones de sus libros. “Hay una particularidad en mi escritura y en la presentación de mis obras. Siempre fueron un motivo para que el evento se torne una fiesta italiana. Desde el 2012, organizo eventos privados, abiertos a la comunidad de Ramallo y zona. Algo en mí espera el momento de presentarlo con tanta fuerza. Allí se mezcla la literatura, la danza ligada a Italia y el canto”.
¿De qué modo se mantienen vivas la cultura y las tradiciones italianas en tu familia?
“Cuando era más chica y vivía mi abuela paterna, Elena Lucchetta, hacía unos dulces típicos que le había enseñado su mamá en el campo. Ahora, de grande, me doy cuenta que eran dolci tipici calabresi. En la actualidad, soy la única que mantiene vivas las raíces en mi familia. Me siento parte de las dos orillas: argentina por nacimiento e italiana por herencia. Hablo mucho en italiano en mi casa y mis hijos aprendieron algunas palabras. También honro a mis ancestros con la música. Suena usualmente en mi casa alguna pizzica o una tammurriata. Debo confesar que amo la música del Salento y la napolitana”.
¿Qué mensaje darías a la colectividad italiana hoy?
“Siempre recomiendo que, al igual que yo, sientan que son un puente entre dos orillas. Es necesario ser ese vínculo, en estos tiempos, para mantener vivas las raíces. Las tradiciones nos dan identidad: nos unen”

