En esta entrevista, María comparte la historia migrante de su familia italiana y cómo esa herencia atraviesa su búsqueda artística y su experiencia contemporánea, conformando un repertorio migrante entre memoria y desplazamientos.
La trayectoria artística de María Cangiano
La cantante y compositora ítalo-argentina María Cangiano es fusión y expresión, una sensibilidad musical singular condensadas en una voz única. Con más de veinte años de trayectoria, su recorrido artístico atraviesa diversos géneros de la música popular latinoamericana y distintos territorios geográficos, entre Argentina, Estados Unidos y España.
Ha producido cuatro discos junto a reconocidos músicos argentinos ganadores de premios Latin Grammy, como Fernando Otero, Quintino Cinalli y Quique Sinesi, entre otros. Su música se presentó en escenarios emblemáticos como el Blue Note New York, el Blue Note Milano, el Joe’s Pub y el Café Berlín, además de festivales internacionales como el World Music & Dance Festival y el Drums Fusion Festival.
¿Qué sabés de la historia migratoria de tu familia italiana?
“Vengo de una familia de origen italiano por ambas ramas. Por el lado paterno, mi historia familiar se vincula con el sur de Italia, especialmente con la zona de Nápoles. Mi abuelo Leopoldo Cangiano nació en Marina di Puolo, un pequeño pueblo de pescadores ubicado a pocos kilómetros de Sorrento. A los 18 años emigró a Buenos Aires junto a su padre, como tantos italianos que buscaban mejores oportunidades en América.”

“En Argentina conoció a mi abuela, Antonia Amitrano, nacida en Buenos Aires pero hija de inmigrantes italianos provenientes de la misma región, de Capri y Massa Lubrense. Mi abuelo trabajaba vendiendo pescado en las calles porteñas y, según cuenta la historia familiar, cantaba canzonetas mientras hacía su recorrido. Fue justamente allí donde una mujer adinerada escuchó su voz y decidió ayudarlo, financiándole estudios de canto lírico.”
“Después de casarse con mi abuela, mi abuelo regresó a Italia para desarrollar su carrera como cantante. Sin embargo, ese proyecto se vio interrumpido por el estallido de la Segunda Guerra Mundial, que transformó por completo sus planes y su vida.”
“Mi padre, Miguel Cangiano, nació en Milán durante esos años. Finalizada la guerra, mis abuelos decidieron volver a la Argentina debido a la profunda pobreza que atravesaba Italia y también porque mi abuela tenía a toda su familia instalada en Buenos Aires. Ya de regreso, compraron un pequeño terreno en Caseros y construyeron allí su casa. Mi padre estudió arquitectura y llegó a convertirse en un reconocido especialista en arquitectura escolar.”

El linaje materno de María
“Por el lado materno conozco menos detalles, aunque también hay una fuerte historia migratoria. Mi abuelo Alessandro Casettari era de Numana, en Ancona, mientras que mi abuela, Romilda Marzetti, era hija de italianos del norte de Italia, aunque no sé con precisión de qué región provenían. Ellos se instalaron en Campana, provincia de Buenos Aires. Mi abuelo trabajó como capataz en el frigorífico Swift hasta el incendio de 1934, momento en que la familia se trasladó a Bernal. Antes de eso, él también había sido pescador, una coincidencia que siempre me llamó la atención entre ambas ramas familiares.”

“Tuvieron nueve hijos y mi madre fue la octava. Ella fue una mujer muy adelantada para su época: estudió magisterio, se fue a vivir sola a una pensión y luego también cursó la carrera de arquitectura. Fue allí donde conoció a mi padre.”
¿Tuviste la oportunidad de viajar a tu lugar de origen? Si es así, ¿cómo fue ese encuentro entre lo imaginado y lo real?
“He viajado muchas veces a Puolo, el pueblo originario de mi abuelo paterno. Desde que vivo en Madrid he pasado vacaciones en ese lugar, donde aún mi familia conserva la casa original de los Cangiano, aunque modificada. Lo considero uno de los lugares más bellos del mundo. Todavía no tuve la posibilidad de conocer Numana, en la región de Le Marche, de donde provenía mi abuelo materno. Sí viajó mi madre hace muchos años junto a mi padre. Ella me contó que, en aquel momento, quedaba solo una persona con el apellido Casettari en el pueblo, aunque aparentemente no tenía relación directa con nuestra familia.”
¿Qué creés que se hereda de ese territorio y cultura, incluso sin haber vivido allí?
“Es un poco difícil ponerlo en palabras, pero cuando he estado en el pueblo original de mi abuelo paterno, la sensación es de pertenencia profunda. Me siento muy conectada con la raíz napolitana de mi familia. A mi abuelo el tenor no lo conocí porque falleció relativamente joven, a los 67 años, pero si tuve toda mi infancia una conexión casi diaria con mi abuela, y luego mi padre mantuvo vínculos estrechos con sus primos italianos, con los que mantengo una conexión constante. En la línea paterna siento profundamente la continuidad de mi vida con la de ellos.”
“Creo que parte de mi decisión de venir a vivir a España también tuvo que ver con esa necesidad de acercarme más profundamente a mis raíces y comprender mejor esa herencia cultural y afectiva que siempre estuvo presente en mi vida.”
¿Cómo se manifiesta hoy tu vínculo con esas raíces italianas en tu vida cotidiana?
“La comida es quizás el vínculo cotidiano más fuerte con mis raíces italianas; forma parte de mi vida de una manera muy natural, casi como una segunda piel. También el idioma ocupa un lugar importante. Aprendí italiano por mi cuenta y hoy lo hablo fluidamente. Empecé a acercarme al idioma durante mis estudios de Historia en la UBA, y luego lo profundicé mientras realizaba mi máster y doctorado en Estados Unidos. Más adelante, continué incorporándolo a través de los viajes y las visitas a mi hermano Pablo, que actualmente vive en Trieste.”
“Además, el italiano terminó de instalarse de manera orgánica en mi vida a partir de mi formación musical. Estudié canto lírico y, durante mi etapa en Nueva York, interpreté distintos roles de mezzosoprano, donde el repertorio italiano tenía una presencia central. En ese sentido, la música se convirtió también en una forma de conexión con mi historia familiar.”
“Como cantante, siento una relación muy profunda con mis raíces italianas porque mi abuelo desarrolló una carrera como tenor, y de algún modo mi propia búsqueda artística dialogó con la suya, especialmente en sus comienzos. Aunque no llegué a conocerlo, siento que existe una continuidad sensible entre su experiencia y la mía, como si la música hubiera funcionado también como una forma de herencia familiar.”
En “Canzonetta, tango y después”, un proyecto musical que vincula tu historia con la de tu abuelo, aparece una conexión entre ambas trayectorias atravesadas por la migración. ¿Cómo fue el proceso de creación de ese proyecto? ¿De qué manera esa herencia cultural influyó en tu práctica artística?
“Ese proyecto nació a partir de volver al pueblo de mi abuelo tenor y sentirme profundamente unida a su historia. Estar allí despertó algo muy fuerte en mí, como si pudiera reconstruir, desde el presente, parte de ese recorrido vital que lo llevó a emigrar y a buscar en la música una forma de destino.”
Cartografía ítalo-argentina en España
“Desde que vivo en España desarrollé vínculos muy estrechos con la comunidad italiana de Madrid, participando en distintas asociaciones regionales y especialmente en la Asociación de Ítalo Argentinos en España, ya que los ítalo-argentinos representamos una parte muy importante de la comunidad italiana aquí. En ese contexto, y a partir de una serie de iniciativas impulsadas por el gobierno italiano en torno a las raíces y la memoria migratoria, surgió la idea de crear un proyecto artístico vinculado con mi propia historia familiar.”
“Cuando empecé a reconstruir la vida de mi abuelo, apareció un fuerte paralelismo con mi propia trayectoria: ambos atravesados por la búsqueda de la voz y por el desplazamiento entre continentes. Él cruzó el océano desde Italia hacia Buenos Aires y luego volvió a Europa persiguiendo una carrera artística; yo también terminé construyendo mi camino entre distintos países, siempre atravesada por la música.”
La herencia musical
“Me conmovió descubrir que mi abuelo había sido contemporáneo de Carlos Gardel y de grandes tenores italianos como Tito Schipa, Beniamino Gigli y Enrico Caruso. Algunos de ellos, como Schipa, tuvieron vínculos cercanos con Gardel, mientras que otros elogiaron su manera de cantar. En mi familia conservamos un disco que mi abuelo grabó al regresar a la Argentina, donde interpreta la célebre canzonetta napolitana ‘Marechiare’.“
“Investigando descubrí que Gardel también había cantado esa pieza en Nueva York. Aunque no existe un registro discográfico de aquella interpretación, sí fue muy comentada y elogiada por Schipa, que lo escuchó en vivo.”
“Ese hallazgo me impactó profundamente, sentí que muchas capas de mi propia vida se unían en una misma trama: yo también viví muchos años en Nueva York, canté ópera allí y tuve un cuarteto de tango llamado “El Cuarteto de María”. Actualmente estoy trabajando en una nueva versión de ‘Marechiare’, incorporando la voz original de mi abuelo a la grabación, como una manera de establecer un diálogo artístico y afectivo entre generaciones.”
“Creo que estas experiencias explican cómo nuestra vida es parte del universo, en suma, es una con el universo, y como somos la continuidad de nuestros ancestros, además de ser un producto diferente, único y personal.“









