La Liga de Mujeres Italianas honra a Eugenia Sacerdote con una placa conmemorativa

Con un auditorio lleno y con la presencia de la Dra. Martina Maione (esposa del embajador Fabrizio Nicoletti), el jueves 7 de mayo, la Liga de Mujeres Italianas llevó a cabo un emotivo y especial homenaje. El centro de la escena fue la figura de la Dra. Eugenia Sacerdote de Lustig. ¿El objetivo? Reconocer su invaluable legado científico, su trabajo incansable por la vida  y su compromiso con la salud pública. La iniciativa, realizada con el auspicio de la Embajada de Italia en Argentina, incluyó la colocación de una placa conmemorativa en el Instituto Oncológico “Ángel Roffo”. Fue una tarde de emoción verdadera donde la ciencia y la italianidad dijeron presente.

Una placa, una promesa de la Liga de Mujeres Italianas

Lo dijeron y lo cumplieron. En marzo, en el marco del mes de la mujer, la Liga de Mujeres Italianas había realizado un homenaje a la vida y obra de diversas mujeres inmigrantes. Julieta Lanteri, Regina Pacini, Pierina Dealessi, Eugenia Sacerdote y Syria Poletti fueron las grandes protagonistas. Dicho evento contó con la presencia de la Dra. Martina Maione, esposa del embajador Fabrizio Nicoletti. La iniciativa había finalizado con la entrega de un petitorio para colocar una placa conmemorativa de Eugenia Sacerdote en el Instituto Oncológico “Ángel Roffo”. Un poco más de un mes después, la Liga cumplió con su promesa. Resultado de ello fue el acto realizado este jueves 7 de mayo en la institución.

¿Quién fue Eugenia Sacerdote de Lustig?

Eugenia Sacerdote de Lustig nació en Turín, el 9 de noviembre de 1910. Vivió en una Italia compleja. Fue prima de la Premio Nobel Rita Levi-Montalcini, con quien compartió una convicción profunda: estudiar medicina. En tiempos en que se limitaba el acceso femenino a la educación superior, Eugenia se preparó —contra todo pronóstico— para rendir en 8 meses los contenidos que los varones estudiaban durante 8 años. De esta manera, estudió latín, griego, matemáticas, ciencias. Asignaturas que lejos estaban de las materias propias del Liceo Femenino. El final ya lo sabemos y no es spoiler. Logró ingresar a la carrera de Medicina en la Universidad de Turín: solo cuatro mujeres lo consiguieron entre quinientos aspirantes. Aun ya recibida, en 1938,  le prohibieron ejercer. Como tantas familias italianas de la época, los Sacerdote-Lustig debieron emigrar. Unos hacia Estados Unidos, otros a Francia, algunos a Sudamérica.

La llegada de la familia Sacerdote-Lustig a Argentina

Luego de idas y vueltas, a comienzos de los años 40, Eugenia, su marido Maurizio y la primera hija del matrimonio, Livia, llegaron a la Argentina. Nuestro país le abrió las puertas, pero al principio no le reconoció sus títulos. Lejos de rendirse, Eugenia recorrió laboratorios hasta encontrar un espacio en la Universidad de Buenos Aires, donde introdujo una técnica hasta entonces inexistente en Argentina: el cultivo celular in vitro. Con ese aporte fundacional, trabajó en el Instituto de Oncología Roffo, estudiando el cultivo de células cancerosas. Desarrolló una labor pionera en virología y enfrentó, desde el Instituto Malbrán, la epidemia de poliomielitis de 1956.

Fue elegida por la Organización Mundial de la Salud (OMS) para viajar a Estados Unidos y estudiar los efectos de la vacuna desarrollada por Jonas Salk. A su regreso, convencida de su eficacia, no solo la promovió públicamente: decidió aplicársela a sí misma y a sus hijos, dando un ejemplo que combinaba rigor científico y coraje personal. Fue, además, miembro de la carrera del investigador del CONICET. Falleció el 27 de noviembre de 2011, a los 101 años.

El legado de Eugenia Sacerdote vive en el Instituto Oncológico “Ángel Roffo”

El evento se realizó el jueves 7 de mayo, en el auditorio del Instituto. La mesa principal estuvo integrada por la Dra. Martina Maione Nicoletti, la Cav. Irma Rizzuti, el Dr. Luis Ignacio Brusco (Decano de la Facultad de Medicina UBA), la Dra. Roxana Del Águila (Directora del Instituto Oncológico “Ángel Roffo”), la Dra. Stella Maris Ranuncolo y el Dr. Alejandro Urtreger.  Con un auditorio atento, el encuentro contó además con la presencia del Dr. Claudio Zin y de la Dra. Livia Lustig, hija mayor de Eugenia Sacerdote.

Cabe resaltar, en primer lugar, las palabras del Dr. Luis Ignacio Brusco quien expresó la importancia de este tipo de actos que reivindican el papel de la mujer. Asimismo, destacó la relevancia de figuras como la de Eugenia Sacerdote quien fue una pionera en la carrera científica y en el estudio celular in vitro. Luego, la  Dra. Roxana Del Águila dio la bienvenida formal al evento y agradeció la iniciativa de la Liga de Mujeres Italianas. 

Eugenia, la luchadora: las palabras de la Cav. Irma Rizzuti y de la Dra. Martina Maione

Si tuviéramos que definir una característica de Eugenia Sacerdote, diríamos que fue una luchadora. Así la describieron tanto los científicos que hablaron de ella como la Cav. Irma Rizzuti y la Dra Martina Maione. Durante su breve exposición, Irma explicó los motivos de la elección de esta figura tan significativa para la Liga de Mujeres Italianas. Eugenia Sacerdote representa, en su batalla cotidiana, la lucha de otras tantas mujeres que sufrieron los dolores del desarraigo. La tristeza de abandonar la tierra amada para lanzarse a un nuevo contexto, con una nueva cultura y tradiciones desconocidas. Eugenia Sacerdote también enciende en su vida la experiencia de tantas mujeres que quisieron estudiar, que debieron enfrentarse a mandatos masculinos y familiares.  Quienes conocieron a Eugenia recuerdan además su dimensión humana. Entendía, en carne propia, el desafío de hacer ciencia y sostener una familia.

Martina Maione, esposa del actual Embajador de Italia en Argentina, participó del homenaje a Eugenia Sacerdote de Lustig.

De esta forma, tal como resaltó oportunamente, la Cav, Irma Rizzuti “la colectividad le debía este homenaje a Eugenia Sacerdote, por ser migrante y ser mujer en un mundo que no esperaba mujeres fuera de la casa, ni en laboratorios ni en universidades”.  Por su parte, la Dra. Martina Maione añadió un agradecimiento especial. “Quiero agradecer a Argentina por abrir sus puertas a Eugenia y permitirle seguir con sus estudios y con su laboratorio”. Para finalizar su intervención, la Dra. Martina Maione recordó la importancia que las nuevas generaciones tenían para Eugenia Sacerdote. Por ello, como una forma de continuar el legado de esta importante científica, Martina Maione hizo un anuncio especial: la entrega, por parte de la Embajada, de un premio para la mejor tesis de doctorado en el área biomédica.

“La vida de la Doctora es la historia de una pasión”

Minutos antes del descubrimiento de la placa conmemorativa, la Dra. Stella Maris Ranuncolo presentó, de manera breve, la vida y trayectoria científica de Eugenia Sacerdote. Más allá de la presentación en sí, lo interesante de sus palabras es que estaban cargadas de emoción. No significó contar solo la biografía de una científica. Para Stella Maris fue más que eso. Significó hablar de su mentora, de su tutora, de una gran mujer a quien acompañó en los últimos momentos de su vida. Durante su exposición, Stella Maris se detuvo en anécdotas y experiencias compartidas. La llegada de Eugenia Sacerdote a la Argentina, sus primeros pasos en el Roffo, los estudios realizados en torno al cultivo de células, su lucha contra el cáncer y contra la poliomielitis. También hizo mención a los diversos reconocimientos que obtuvo Eugenia Sacerdote durante su vida. Todos pueden ser googleados. Pero uno que demuestra su dimensión tan humana es el haber sido reconocida Pasajera Ilustre de la línea de colectivos 80.

Durante la exposición, Stella Maris remarcó en diversas oportunidades la importancia que tuvo y tiene Eugenia Sacerdote para el Instituto Ángel Roffo. De hecho, en la actualidad, cuando los médicos y científicos hablan de “LA DOCTORA” todos saben que se están refiriendo a Eugenia Sacerdote. No hay dudas. No se pueden presentar más pruebas. Tan fuerte fue la huella que dejó en sus discípulos y en la comunidad científica en general. Durante todo el encuentro, se vivió un clima vibrante de emoción, como si la homenajeada estuviera en el auditorio que lleva su nombre. Cada uno de los oradores recordó anécdotas y vivencias experimentadas en la institución. Verdaderamente, a través de los recuerdos, Eugenia Sacerdote fue invocada y se hizo presente. 

El legado de Eugenia Sacerdote: una brújula para el futuro 

El descubrimiento de la placa en el Instituto Roffo no es solo el cumplimiento de un desafío de la Liga de Mujeres Italianas; es un acto de justicia histórica. Al perpetuar el nombre de Eugenia Sacerdote en las paredes de la institución que fue su segundo hogar, se asegura que su pasión por la ciencia y su inquebrantable voluntad sigan inspirando a quienes transitan sus pasillos. También es evidencia de que el camino que hoy se transita fue abierto por mujeres como Eugenia, que no pidieron permiso para avanzar.  La historia de Eugenia Sacerdote no se agota en sus logros científicos, en las técnicas innovadoras que impulsó, ni en los cargos que ocupó. Eugenia es la prueba fehaciente de que el conocimiento y el coraje no tienen fronteras ni género. Esta placa es un recordatorio de que las grandes conquistas nacen de una lucha silenciosa, constante y profundamente humana.

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