“El libro despertó en mí la identidad italiana”, así comenzaba la segunda parte de la entrevista con La Sfogliatella. Recordemos que Fabiana Cianfanelli es politóloga, hija de inmigrantes italianos y la autora de Melú: parcelas de maternidad. El libro es, en pocas palabras, una novela histórica y generacional, cuya protagonista es su madre, una inmigrante italiana. En esta nueva conversación, la autora nos invita a sumergirnos en su proceso de escritura y a revelarnos cómo, buceando entre las pistas de su historia familiar, descubrió su propia identidad.
Melú o una nueva forma de vivir las raíces
Fabiana Cianfanelli es argentina. También es italiana. Se percibe ítalo-argentina, ese gentilicio tan nuestro. “Fui primero italiana y después, argentina“. De familia italiana, Fabiana descubrió la argentinidad en su niñez, cuando comenzó con su escolaridad. Y desde ese momento, la construyó, la hizo propia. “Quise vivir la identidad argentina ya que estaba viviendo acá y me parecía importante sentirme argentina. Así que por muchos años, todo lo italiano convivía conmigo, pero no estaba tan visceral, no estaba a flor de piel”. Lo italiano era tan natural en su vida que no lo percibía. Era un paisaje, un contexto. “Escribiendo A Melù, conecté de nuevo con ese corazón y con esas raíces. Así se despertó de nuevo esa italianidad muy fuerte. Hoy puedo decir, sin ninguna duda, que mi amor hacia Italia es infinito y también amo a Argentina. No tengo esa dualidad”.
Un cambio de vida
La escritura de Melú no sólo le permitió a Fabiana reconectarse con las raíces desde una nueva perspectiva. Sino que, además, le abrió las puertas a un nuevo mundo laboral y profesional. Luego de egresarse de la Scuola Cristoforo Colombo, Fabiana estudió Ciencias Políticas (UCA) e hizo estudios de posgrado en Administración Pública. “A raíz del libro hago una reconversión de mi vida profesional y empiezo a dar talleres que se llaman Caffè all’Italiana”. Hoy dedica su tiempo a presentar su libro en diversas instituciones y asociaciones italianas, en desarrollar estos conversatorios en italiano y además, se encuentra finalizando su segunda novela.
Fragmentos de realidad y vestigios de ficción
¿Quién es Melú? El libro recorre la vida de la madre de Fabiana, pero no solo la llegada a la Argentina. La historia comienza en su nacimiento. “Melú nace fortuitamente en Túnez. Para ella, era una mancha de origen porque todos eran italianos nacidos en Italia. Sus papás eran sicilianos. Se crió dentro de un ámbito muy aristocrático en Palermo, y por razones laborales migran hacia el norte, hacia Milán”, cuenta Fabiana. En sus palabras resuenan los ecos de otra voz que narra ese periplo. Hoy parece una aventura digna de la fantasía. En ese momento, la protagonista se sentía perdida. “Esa migración que parece pequeña es infinita. A medida de que cambia de tierra, Melú siente que va perdiendo su identidad. Pierde sus palabrasa dialectales, sus modismos sicilianos, sus costumbres”.


“Viaja de Sicilia al norte de Italia, a Milán. Si ya hoy es un contraste, ¡en esa época era un contraste aún más fuerte! Luego, llegó la guerra, la migración inédita y el echar raíces en Argentina”. Al adentrarse en la historia, una pregunta se vuelve casi obvia. ¿Cuánto hay de realidad y cuánto de ficción en esta novela? Como sucede en todo texto literario, aun cuando esté basado en un hecho real, siempre encontramos huellas ficcionales. Melú no es la excepción. Fabiana responde sencillamente “La historia de Melú es una historia real de una familia italiana. Todo lo que sucede en el libro es real. La ficción está en los diálogos entre los personajes. Intenté imaginarme de qué manera iban a hablar, qué silencios iban a tener, qué cosas no se iban a contar y qué cosas iban a expresar”.
Melú, una forma de sanar
No todo es historia en Melú. También hay emociones y sentimientos que Fabiana absorbió durante su juventud. “Todos hablaban de esta historia, porque era una manera de sanar los dolores y traumas de la inmigración. Estoy convencida que todo proceso migratorio es traumático aun cuando se ame la patria que recibió a los inmigrantes”. Cada inmigrante tiene su propia forma de sanar, de pasar ese duelo del desarraigo. Algunos – tal como señala Fabiana – eligen no hablar más el italiano, como una forma de alejarse de la tierra añorada. “Entiendo que es como una manera de preservarse, de no sufrir. Otros eligen el silencio y el ocultar esa historia, para no meter el dedo en la llaga, no remover heridas. Es una generación que ha sufrido muchísimo. Es un sufrimiento silencioso. En cambio, como en mi familia la inmigración había sido atípica, en lugar de silenciarla, la verbalizaban. Así la exorcizaban, la sanaban”. Cada uno a su manera, como le salía.
Con el corazón partido entre Italia y Argentina
Una y otra vez la historia se repite. El inmigrante tiene los pies en una tierra y el corazón, en otra. “Mi mamá vivió en una dualidad hasta el día que no estuvo más. Era italiana viviendo en Argentina, teniendo hijas en Argentina, nietas en Argentina. Con raíces aquí pero con el corazón allá. Claramente hubiera querido, poder clonarse y estar en los dos lugares”. El libro intenta reflejar también ese sentimiento, una patria dividida en dos territorios. No sentirse parte de ninguno. “Hay mucho en la novela del descubrir el significado de la palabra patria. Melù tuvo que ir dándole un sentido a todo eso. En algún punto, la patria fue el idioma y la bandera que defendió hasta los últimos días. Luego, la sanación llegó cuando la patria fue la familia. Ese lugar seguro donde poder confiar. Es tu mundo, no importa si es acá o allá”.
¿Por qué el subtítulo de la novela es “Parcelas de maternidad”?
“El libro se llama Melù, parcelas de maternidad porque hay una redefinición de lo que entendemos por ‘mapaternar’. Soy una convencida que todos podemos mapaternar. Podés maternar a un vecino, a un alumno en un curso, hoy también a las mascotas. Y no solamente es una acción de las mujeres. Los hombres también. En definitiva, es un cuidado que uno tiene hacia una persona. Y Melú tuvo suerte que, a lo largo de sus soledades, aparecieron personas que la cuidaron, que le dieron amor, que le transmitieron esa sensación de abrigo, de no sentirse tan sola”.
Al escribir Melú, ¿Qué descubriste de tu propia historia familiar?
Muchas veces la escritura nos permite ver la realidad desde una nueva perspectiva. Conocer su historia familiar con el objetivo de escribir un relato, le permitió a Fabiana comprender ciertos pasajes de su identidad. “Al investigar, por un lado, pude comprender las decisiones que habían tomado en la familia, especialmente mi abuela que – en un principio – me habían parecido un acto de locura. Esa elección tenía algo de emoción, de sentimiento, pero también tenía bases sólidas. La época marcaba que ella también tenía que tomar esa decisión. Al conocer esta parte de la historia, empecé a tenerle como un respeto distinto”.
Asimismo, al profundizar en ciertos aspectos del relato familiar, Fabiana pudo ponerles voz a algunos silencios, pudo entender las causas detrás de algunos hechos. “Cuando uno profundiza, vas encontrando más el costado psicológico de las historias, de los personajes, de los duelos que tuvieron que atravesar, de los abandonos. A mí me sirvió, por ejemplo, investigar de qué lugar cultural venían mis abuelos. Me sirvió muchísimo para entender muchas cosas de mi infancia y la de ellos”.
¿Qué le dirías a alguien que está viviendo el proceso de búsqueda de sus raíces?
“Yo creo que es muy importante buscar y, si hubo silencio, tratar de buscar la voz detrás de ese silencio. Para mí es muy importante, porque algo no se dijo, algo se omitió. Por otro lado, los insto a bucear en esa realidad que formó parte de sus abuelos o de sus padres. Y hay que entender y respetar. Creo que a los orígenes hay que respetarlos, siempre”. Melú también resignifica la identidad de su autora, por eso, Fabiana resalta este aspecto. “No puedo omitir de dónde vengo ni quién soy. Creo que el libro tiene que proponer justamente eso: descubrir quién sos y de dónde venís.Y también los invito a darse vuelta y mirar el pasado. Y, por lo menos, tratar de investigarlo. A veces me preguntan ‘¿y dónde puedo empezar a buscar?’. La respuesta es una: empezá a buscar. Si no tenés la posibilidad de viajar, los invito a acercarse a la comunidad y a las asociaciones italianas. Escuchar la música de los antepasados o esas voces ayuda a traer a la memoria”.
“La italianidad no puede morir en Argentina”
Para terminar la entrevista, Fabiana realiza un llamado a la colectividad italiana en Argentina. “Hay que rescatar la historia y poner en valor lo italiano en este país, para que las generaciones que vengan, aunque estén muy lejos de sus ancestros italianos, puedan reconocer esa herencia. Estoy convencida de que la italianidad no puede morir en Argentina. No debiera morir. Siento que va desapareciendo de a poco. Argentina se explica muchísimo por los italianos. No solamente por la cantidad de personas que llegaron con la inmigración, sino también por la calidad de la gente que recibió. Y esto es quizás lo que menos se conoce”.


“Sin ir más lejos, mi abuelo era un ingeniero civil extraordinario, de Montecatini. Como él, llegaron profesionales y técnicos de altísimo nivel que contribuyeron a hacer grande a este país: arquitectos, constructores, escritores. Infinidad de profesiones. Me parece importante rescatar esa dimensión. Quizás resulte difícil reconstruir la historia individual de cada abuelo o de cada ancestro, pero sí podemos recuperar y poner en valor la importancia que Italia tuvo y sigue teniendo en nuestro país. No es algo menor”.
