En el marco de La Giornata, y a partir de una investigación realizada por alumnas, nos acercamos al archivo histórico del Mariano Acosta, donde se conserva documentación oficial con los datos de las inscripciones de comienzos del siglo XX. Entre sus antiguos registros aparecen los nombres y lugares de procedencia de quienes pasaron por sus aulas, entre ellos una de sus figuras más reconocidas, Julio Cortázar. Estos documentos permiten reconstruir parte de los orígenes de la comunidad educativa y reconocer las huellas de la inmigración presentes en su historia.
La escuela se pregunta por sus raíces
Sobre la organización de La Giornata, las alumnas Lola y Catalina, de 7.º grado, reponen el trabajo de investigación que realizaron junto con sus compañeros. Durante las semanas previas al evento, llevaron adelante encuestas entre estudiantes de distintos niveles para conocer los orígenes de sus familias. Preguntaron por los lugares de nacimiento de las distintas generaciones y otros datos vinculados con sus antecedentes familiares. A partir de la información reunida, elaboraron un gráfico estadístico que permitió visualizar la diversidad de procedencias presente en la comunidad educativa.
Rastrear apellidos e historias familiares
Siguiendo con su relato, las alumnas reconstruyen el proceso de investigación, que continuó con la búsqueda de apellidos y otros datos en las computadoras a partir de las pistas surgidas en las encuestas. Los resultados coincidieron con la presencia histórica de la inmigración italiana en la Argentina y en la propia escuela, y fueron incorporados a una exhibición sobre la historia de la institución, donde, a través de fotografías, registros y antiguos libros de ex alumnos, las estudiantes compartieron sus hallazgos y recuperaron parte de las historias migratorias que forman parte de la memoria escolar.
Los registros de la memoria escolar
Guiadas por Luz Ayuso, integrante del equipo de los Espacios de Memoria, junto con las alumnas Lola y Catalina de 7mo grado, abrimos un documento que nos permite asomarnos a otra dimensión de la historia del Mariano Acosta: los antiguos libros de matrícula del archivo escolar. Entre ellos se encuentra un registro correspondiente al período 1910-1929, donde quedaron asentados los estudiantes que ingresaban al curso normal para formarse como maestros normales nacionales.

Las páginas reúnen nombres, edades, cursos, domicilios y nacionalidades, pero también información sobre madres, padres o tutores y sus respectivas profesiones. En esos datos, aparentemente administrativos, se revela una fotografía de la sociedad argentina de comienzos del siglo XX.
Entre inmigrantes y nuevas generaciones
El registro permite observar un contraste significativo: mientras los estudiantes inscriptos eran mayoritariamente argentinos, entre sus padres aparecía una importante presencia de inmigrantes, principalmente italianos y españoles, aunque también se encuentran registras familias de origen oriental (uruguayo), francés y de otras procedencias. En 1911, por ejemplo, la mayoría de los alumnos inscriptos eran argentinos, mientras que las nacionalidades consignadas para sus padres revelan la diversidad de los flujos migratorios que atravesaban la sociedad argentina.
Para Ayuso, ese contraste permite comprender el papel que desempeñaba la escuela normal en aquellos años. Muchos de esos padres eran inmigrantes pertenecientes a sectores populares, que habían llegado al país con un acceso limitado a la educación. La posibilidad de que sus hijos se formaran como maestros ofrecía, en cambio, una vía concreta de ascenso social y de incorporación al mundo profesional. La escuela se convertía así en un espacio donde una generación podía transformar las condiciones de vida de la siguiente.
El archivo permite seguir también cómo esa composición fue cambiando con el paso del tiempo. Hacia fines de la década de 1920 aparecen más familias en las que también los padres figuran como argentinos, señal de la consolidación de una segunda generación nacida en el país. Las páginas de matrícula dejan entonces de ser solamente un registro escolar para convertirse en una huella de las transformaciones demográficas y sociales de la Argentina.
Un cronopio en formación
Entre esas páginas aparece un nombre que hoy forma parte de la historia literaria argentina: Julio Florencio Cortázar. Su inscripción corresponde a 1930. El documento registra que, si bien sus padres eran argentinos, él había nacido en Bélgica y por entonces vivía en Banfield; también deja constancia de que fue su madre quien realizó la inscripción.

Cortázar ingresó al Mariano Acosta para seguir la formación de maestro normal. Según explica Ayuso, su madre lo inscribió teniendo en cuenta la formación normal, ya que tenía una salida profesional concreta: permitía obtener un título docente e incorporarse al mercado laboral. Pero Cortázar continuaría estudiando. Luego de obtener el título de maestro normal, siguió el profesorado de Letras, una formación superior dentro de la propia institución. Allí completaría su recorrido académico en 1935 cuando se recibe de Profesor en Letras.
El libro de matrícula permite así encontrar dos acercamientos históricos, en una misma secuencia observamos el registro de las familias inmigrantes que encontraron en la educación una posibilidad de movilidad social y también la de un joven Cortazar que atravesaría esas mismas aulas antes de convertirse en uno de los escritores fundamentales de la literatura argentina.
El Mariano Acosta y la tradición de las lenguas vivas
Finalizando la entrevista, la alumna Lola nos cuenta que participar de La Giornata implicó enfrentarse a palabras y expresiones que no conocía, mientras que Catalina destaca justamente esa posibilidad de acercarse a una lengua diferente. La experiencia les permitió descubrir otra tradición cultural desde un lugar cercano y propio. Ambas estudian francés como lengua extranjera, una enseñanza que comienza desde primer grado, por lo que acercarse al italiano significó además salir de su propio campo de aprendizaje.
La relación del Mariano Acosta con la enseñanza de idiomas se remonta a sus propios orígenes. La institución fue creada el 16 de junio de 1874 como Escuela Normal de Maestros, con el objetivo de formar docentes. Su plan de estudios original ya incluía inglés, mientras que el francés y el alemán formaban parte de la enseñanza de idiomas. Con el tiempo, esa tradición se consolidó y hoy la institución se denomina Escuela Normal Superior en Lenguas Vivas N.º 2 “Mariano Acosta”, con una propuesta que abarca los niveles inicial, primario, secundario y terciario. En el nivel medio, la formación está intensificada en idiomas y actualmente incluye inglés, francés e italiano.





