Fabiana Cianfanelli es politóloga, hija de inmigrantes italianos y la autora del libro Melú: parcelas de maternidad presentado en diciembre de 2025, una novela histórica y generacional. También es fundadora del Caffé all’italiana, un espacio de conversación y práctica de idioma italiano. Tal como observamos, su vida está atravesada por la cultura y la lengua del bel paese. “Hablé primero en italiano y recién a los 4 años aprendí castellano en el jardín de infantes”, reconoce con orgullo. En esta primera parte de la entrevista, Fabiana nos cuenta sobre sus orígenes, qué significa Italia para su historia y de qué modo su libro resignifica la memoria colectiva de la inmigración.
Fabiana Cianfanelli: nieta, hija, madre, escritora
“Soy primera generación de argentinos. Mis padres y toda mi familia (tíos, abuelos, etc) fueron italianos”. Así comienza la presentación de Fabiana Cianfanelli, la entrevistada de hoy. Desde los cimientos de su familia, su vida estuvo marcada por la italianidad. “Nací en Morón, provincia de Buenos Aires. Viví por más de 30 años en CABA y hace 22 años me mudé a Tigre donde vivo con parte de mi familia. Estudié en la escuela Cristóforo Colombo donde me gradué como bachiller bilingüe en el Liceo Scientifico. Luego estudié Ciencias Políticas (UCA) e hice estudios de posgrado en Administración Pública. Soy madre de 4 hijos, ya grandes. Todos profesionales”.
La escritura como una forma de ver la vida
La historia de Fabiana Cianfanelli comienza a cambiar cuando decide dejar profesionalmente la gestión pública y volcarse hacia la escritura y al desarrollo de espacios de conversación en italiano. En diciembre de 2025, presentó su primera novela Melú: parcelas de maternidad, inspirada en la historia de su madre, inmigrante italiana. Actualmente, está en proceso su segunda novela. Además, escribe en “una columna semanal de una revista local, La Troncal de Nordelta, donde intento – a través del humor y de la reflexión – proponer disparadores que nos desacomoden ante situaciones de nuestra etapa contemporánea”. Pero no todo en su vida es desarrollo de la propia escritura, también dedica parte de su tiempo a promover el estudio de la lengua y cultura italiana. Es fundadora de “el espacio Caffé all’italiana donde participan actualmente cerca de 100 personas para aprender a hablar en italiano”.
Un relato que comienza del otro lado del océano
Siempre cuando hablamos de historias de inmigración, creemos que los relatos se parecen entre sí. Y algo de similitud tienen. La familia que parte hacia las nuevas tierras dejando sabores, olores, recuerdos atrás. Y una nostalgia que se cuela entre los huesos. Pero también hay ciertas particularidades en cada narración que las vuelve únicas. El relato de la familia de Fabiana Cianfanelli es una de ellas.



“Mi familia paterna era de Roma (Lazio) mientras que la familia materna era de Sicilia (Palermo). La inmigración de mi papá y de mi mamá fue muy particular. A diferencia de las masivas inmigraciones que venían desde Italia o España a fare l´America, en ellos fueron situaciones familiares que los trajeron a estas latitudes. Mi mamá llegó en 1947 de la mano de su padre y mi papá llegó en 1952, después de la post guerra. Se conocieron en Argentina en un baile en el Club Tiro a Segno y desde ese día decidieron formar una familia”.
Con l’Italia nel cuore
Una pregunta que siempre nos gusta hacer cuando abordamos un relato de inmigración es conocer de qué modo se mantienen vivas estas tradiciones traídas del viejo continente. La respuesta de Fabiana es cortita y al pie. “Principalmente por el idioma”. Y explica: “Yo hablé primero en italiano y recién a los 4 años aprendí castellano en el jardín de infantes. El idioma fue la patria para mi familia”. Además de la lengua, existen otras costumbres que aún perviven en su hogar. “Luego se afianzaron otras tradiciones vinculadas a la cocina, a la mesa familiar de los domingos, que aún hoy, a pesar de que ya no queda nadie de la familia grande, seguimos manteniendo”.


No quedan dudas. La tanada se reconoce alrededor de la comida, cuando compartimos, durante la sobremesa. “La música, el cine y la literatura son un ancla cultural que no he perdido. Más aún, las alimento permanentemente. No sólo Ornella Vanoni está en mi playlist sino cantantes actuales, como Annalisa. Italia está en mi corazón, en mis raíces y es un legado que seguramente alguno de mis hijos tomará”.
¿Qué significa, para vos, ser ítalo-argentina?
Sin pensarlo dos veces, Fabiana Cianfanelli responde rápidamente. “Es un honor. Llevar en mi identidad dos culturas y tradiciones tan diversas, pero al mismo tiempo complementarias, es muy emocionante”. Se denota el orgullo en la voz y en el corazón. “Para mí, Italia no significa tener la ciudadanía, o el derecho a un pasaporte, sino algo mucho más fuerte. Es amar este país porque de allí se arma todo mi árbol genealógico, porque cuando viajo siento que llego a casa”. Fabiana sabe que ese sentimiento la hermana con tantos otros ítalo-argentinos, con tantos otros hijos y nietos de la inmigración. “Sentir que muchos argentinos aman Italia es entender que Italia es un país que enamora, que su belleza natural, cultural y arquitectónica movilizan emociones más allá de donde seas. No es común que eso suceda con otros países”.
Conocer la historia de un país también es amarlo
“Estudiar la historia italiana es importante para entender cómo se logró la unidad italiana. Italia era un mosaico con divisiones muy fuertes y a pesar de ello ha logrado que el mundo respete el made in Italy. El modelo de medianas y pequeñas empresas como un vector de desarrollo. A pesar de los reclamos de los italianos, que seguramente son legítimos, es un país que para muchos ha sido un modelo a seguir”.
Melú, parcelas de maternidad o mirar la italianidad desde la familia
La vida de Fabiana Cianfanelli está atravesada por Italia. Desde su familia, su formación escolar y hoy, su vocación. La cultura, el idioma, las tradiciones, su deseo de difundir aquello que la nutre. Todos esos aspectos viven al mismo tiempo en su identidad. Y parte de ello, se experimenta en su primera novela Melú, parcelas de maternidad. ¿Se trata de un relato ficcional o real? Fabiana responde sencillamente.“La historia de Melú es una historia real de una familia italiana. Todo lo que sucede en el libro es real. Mi trabajo fue chequear esa memoria familiar, hilvanar las distintas situaciones y contextualizarlas en la historia. Es imposible hablar de migración sin hablar de la guerra. Es imposible hablar de migración sin hablar de qué Argentina había hacia fines de 1940”.
El libro recorre la vida de la madre de Fabiana. Como en todo relato hay algo que se escapa de lo meramente objetivo. Pero los detalles de cómo sucedieron los hechos pasan a ser accesorios. Lo que verdaderamente importa es de qué modo se (re)construyen esas vivencias que la familia Cianfanelli atesoraba. “Reconstruir esta historia, bucear en la psiquis de los inmigrantes y de la dualidad permanente en la que vivían y tratar de darle voz a quienes protagonizan esta historia ha sido una tarea muy movilizante. Con respecto a la italianidad, la escritura de Melú ha puesto en valor todo lo que tenía dentro de mi corazón y que me impulsó a volver al uso del idioma, a conectar con el ethos italiano. Melú ha sido un impulso para que recuperara mis raíces y mi origen”.
(Re)construir la identidad colectiva
“La memoria colectiva no es igual para todos”, reconoce Fabiana. Y desarrolla: “Algunos, para dejar de sufrir, trataron de borrar el idioma e inclusive no quisieron volver nunca más a su patria. Mientras que otros, para sanar, no perdieron el idioma, porque sabían que era la única bandera que les quedaba y quisieron volver a sabiendas que quizás cada vez que dejaban Italia era morir un poco. Los migrantes son almas que han sufrido y muchos no entendieron que detrás de un silencio o de un abandono había una historia que merecía ser recordada y quizás contada”.
Cuando la literatura revela lo que los hechos no siempre cuentan
Casi llegando al final de la primera parte de la entrevista, invitamos a Fabiana a mirar su libro desde otra perspectiva. Melú cuenta una historia particular dentro de la gran historia de la inmigración italiana en Argentina. Es un testimonio entre miles de familias que atravesaron la experiencia del desarraigo. Sin embargo, la literatura nos ofrece una posibilidad singular: volver a mirar la realidad y descubrir en ella aspectos que antes pasaban inadvertidos. En este caso, a través de la historia de Melú, podemos hacer zoom sobre detalles de la experiencia migratoria y de la vida de la colectividad italiana que no siempre hemos sabido reconocer.
Melú: una invitación a releer la propia historia familiar
“Melú es una historia de inmigración, donde el lector se identifica en momentos, en conversaciones, en calles, en lugares, en sabores. Cada uno, aún no siendo italiano, encuentra en la novela un espacio donde hallarse. La vida de Melú es cinematográfica. Estoy segura de que todos tenemos cosas para contar, relatos que han quedado guardados y que ojalá, con Melú, salgan a la luz. Es corriente que. en las presentaciones de Melú, se produzcan momentos de emoción, de lágrimas y de comunión”.
“Justamente en esta historia es donde cada uno rememora la historia de sus abuelos o de sus padres y resignifica un mundo de emociones y traumas que quizás quedaron bajo siete llaves. Ojalá Melú despierte muchas historias enterradas. O por lo menos la búsqueda de los orígenes”. Esa es la magia de la literatura. A través de las páginas de Melú podemos validar parte de nuestra propia historia familiar. Y de eso se trata, de mirar con nuevos ojos la misma realidad.

