En el marco de la exposición dedicada a Lily Salvo en el Museo Nacional de Bellas Artes, conversamos con Sofía Bresler, gestora cultural, quien profundiza en su trabajo de archivo e investigación de la producción gráfica de la artista, así como en la relevancia de su obra dentro de los cruces culturales entre Argentina, Italia y Uruguay, para conocer el proceso de reconstrucción del corpus y las decisiones curatoriales que dieron forma a la muestra.
Al rescate de un archivo
Sofía Bresler es la asistente curatorial, investigadora y gestora de la actual exhibición en el Museo Nacional de Bellas Artes sobre la obra de Lily Salvo, una artista argentina radicada primero en Uruguay y luego en Italia. Su trabajo implicó no solo reconstruir un corpus disperso, sino también volver visible una producción hasta ahora poco explorada.
Para comenzar a conocer ese recorrido, Bresler cuenta cómo se acercó a su obra: “Me acerqué a la obra de a través de Andrés Neumann, quien fue su esposo durante varios años. Neumann es un productor teatral de gran trayectoria, vinculado a figuras europeas clave como Pina Bausch, Tadeusz Kantor y Peter Brook.”
Y continúa “A partir del contacto con la gestora periodística Carolina Alfonso, supe que buscaban a alguien joven para realizar un relevamiento de obra y comenzar la construcción de un archivo de artes visuales. En una primera reunión, Andrés me contó que Lily había fallecido en 2010 y que su producción se encontraba distribuida en las casas de sus hijos, Aldo y Mara, en Roma. Él ya había encargado un primer registro fotográfico de las obras, pero necesitaba avanzar hacia una instancia más organizada: un inventario y archivo sistemático.”
Inventariar, clasificar, organizar
Entonces nos cuenta como comenzó su arduo trabajo a la distancia “Elaboré una propuesta que contemplaba la edición integral del material —más de 4.000 dibujos, cerca de 100 pinturas y unos 50 grabados— y la construcción de un inventario lo más preciso posible. Las fotografías, tomadas con celular, presentaban múltiples dificultades: encuadres inestables, uso de flash, distorsiones. Además, yo no había tenido contacto directo con las obras (ya que las piezas se encontraban en Italia), lo que implicaba trabajar únicamente a partir de imágenes. Esa mediación limitaba especialmente la lectura de su materialidad y técnicas, sobre todo en el caso del dibujo.”
Sofía continúa relatando su derrotero “Aun así, logré desarrollar un inventario aproximado de las obras conservadas en Italia. Fue un proceso extenso, de casi dos años, que implicó clasificar, editar y sistematizar todo el material. Un trabajo tan minucioso como formativo.”

“Más adelante, surgió la oportunidad de realizar una muestra en el Museo Nacional de Bellas Artes, y ese hito marcó un cambio en mi vínculo con la obra de Lily. A partir de entonces, mi rol se desplazó hacia la gestión cultural y la producción de la exposición. Ese pasaje, bastante natural dentro de la dinámica del campo, me permitió ampliar la relación con su trabajo desde una nueva perspectiva.”
¿Qué fue lo que te interesó para pensarla en clave expositiva?
Realizando una mirada retrospectiva sobre su experiencia, Sofia reflexiona: “Pensar la obra de Lily Salvo en clave expositiva fue un verdadero desafío. Desde una perspectiva de gestión, trabajar desde Argentina implicaba contar con recursos muy limitados y con una disponibilidad de obra bastante acotada. Andrés Neumann conservaba en su casa tres pinturas que, sin dudas, debían formar parte de la muestra. Sin embargo, la producción pictórica de Lily ya había sido exhibida recientemente en el Museo Juan Manuel Blanes en Montevideo en 2020, lo que nos llevó a preguntarnos qué aspectos de su obra permanecían aún invisibilizados.”

En ese sentido, Bresler se detiene en las decisiones curatoriales en torno a la selección del corpus de obra de Lily Salvo y en la relevancia de ciertos conjuntos poco exhibidos. Entonces explica: “lo que nunca había sido mostrado con claridad eran sus dibujos y grabados. Allí encontramos una potencia singular: por un lado, el carácter inédito del material; por otro, la fuerza propia de esas piezas. Los dibujos —bocetos realizados de manera casi constante, en distintos soportes y contextos— revelan una práctica vital, urgente. Por su parte, los grabados, desarrollados tras su exilio de Uruguay durante la dictadura, poseen una dimensión profundamente política y una gran solidez técnica”
“Estos trabajos fueron realizados junto a figuras clave del grabado contemporáneo como Liliana Porter y Luis Camnitzer, lo que también reforzaba su relevancia. Así, junto con Andrés y Mara, acordamos que lo más interesante era centrar la exposición en esa dimensión más íntima y, al mismo tiempo, más experimental de su producción.” De este modo, la muestra se orientó hacia el corpus gráfico de la artista, poniendo en primer plano un conjunto de obras hasta entonces poco explorado, pero fundamental para comprender la intensidad y complejidad de su práctica.
La vida de Salvo atraviesa Argentina, Uruguay e Italia. ¿De qué manera estas experiencias migratorias se reflejan en su producción?
“Lily Salvo fue una artista profundamente atravesada por el desplazamiento, y ese recorrido vital se inscribe de manera directa en su obra. A lo largo de su vida, transitó distintas experiencias que marcaron tanto su sensibilidad como sus modos de producción.”
Sobre el exilio político en los años setenta la gestora cultural señala: “Lily Salvo nació en La Plata, pero a los cinco años se trasladó a Uruguay, donde vivió durante varias décadas, antes de exiliarse y radicarse en Italia. Ese exilio —que puede pensarse como una migración forzosa— tuvo un impacto significativo en su vida y en su trabajo. En sus grabados, especialmente, aparece una mirada crítica e irónica sobre las dictaduras latinoamericanas de los años setenta, donde lo político se vuelve ineludible. Pero también emerge una dimensión más íntima, ligada al desarraigo y a la pérdida.
Arte y condiciones de posibilidad
“Ya instalada en Italia, primero en Firenze y luego en Roma, el movimiento volvió a activarse de otro modo. El traslado entre ciudades implicó también la pérdida de su taller de grabado en Firenze, un espacio fundamental para su práctica. La imposibilidad de acceder a una prensa —herramienta central para el grabado— condicionó fuertemente su producción y marcó un quiebre en su trabajo, evidenciando cómo las condiciones materiales inciden directamente en los procesos artísticos.”
¿Qué desafíos encontraste en el momento de trabajar su archivo?
Considerando que Lily Salvo fue una artista multidisciplinar dentro de las artes plásticas, Sofía Bresler señala las complejidades que atravesaron el proceso de investigación y reconstrucción del corpus. En sus palabras: “Pienso que lo que construí fue un ‘inventario efectivo’. No tuve la posibilidad de ver las obras físicamente hasta que llegaron a Argentina; de hecho, arribaron exclusivamente para la muestra, por lo que mi primer contacto directo con ellas fue en ese momento. Esto generó, naturalmente, varias dificultades a la hora de clasificarlas: cuando se trabaja a partir de fotografías tomadas con un celular, resulta muy complejo distinguir con precisión si se trata de dibujo, grafito, carbonilla u otras técnicas.”
Una reconstrucción íntima y familiar
“El proceso no solo requirió de mucha intuición, sino también de un acercamiento más profundo a la figura de la artista. Implicó ir conociéndola a través de su entorno: conversar con su familia, comprender sus vínculos afectivos, sus relaciones, sus intereses, sus pasiones y también sus miedos. Reconstruir la vida de un artista es, para mí, un proceso muy hermoso y profundamente interesante, porque permite conectar con su obra desde otro nivel. Yo no conocí a Lili en vida, me hubiera encantado, pero todo lo que sé de ella se construyó a partir del relato.”

Sobre el trabajo, Bresler recuerda: “Se desplegaron muchos subprocesos de trabajo. Con Mara, por ejemplo —principalmente a través de videollamadas, ya que ella vive en Italia—, llevamos adelante una tarea muy minuciosa: revisar los dibujos uno por uno. Yo ya los tenía muy estudiados, los tenía casi incorporados visualmente, y a partir de eso empezamos a reconocer los distintos símbolos presentes en los dibujos preliminares para ir vinculándolos con las obras finales. Este trabajo fue muy revelador, por ejemplo, hay entre diez y quince dibujos preliminares de un cuadro de Lili titulado Pranzo Secreto, y hoy puedo reconocerlos con bastante claridad: a veces aparece una rana, otras una figura femenina con rasgos similares a los del cuadro. Esos indicios nos permitieron establecer relaciones entre bocetos y obras.“
Por último, concluye “Este proceso nos permitió no solo identificar a qué obra correspondía cada dibujo, sino también dimensionar el tiempo y el trabajo que Lili dedicaba a la construcción de cada una de sus piezas.”

¿Qué decisiones curatoriales guiaron la selección de obras y el relato expositivo?
Sofia Bresler nos detalla los ejes curatoriales definidos junto a la curadora principal de la exhibición María Florencia Galesio, responsable del Área de Investigación del MNBA, de la siguiente manera: “Las obras tienen un anclaje muy claro con el momento vital que atravesaba Lili, y eso permite organizarlos en distintos núcleos. En términos generales, pueden pensarse en tres o cuatro grandes ejes: uno más político, otro más ligado a lo surrealista y un tercero centrado en la corporalidad, especialmente en el cuerpo femenino, que fue un tema que ella trabajó de manera muy sostenida. A esto se suman sus prácticas y bocetos preparatorios, que también forman parte del proceso.”

Asimismo, agrega: “Por otro lado, están las llamadas figurines, que son los dibujos preparatorios para ópera y vestuario. Lili los realizó principalmente para Micha Vanek —una figura muy importante dentro del mundo de la ópera—, para quien diseñó el vestuario de una obra titulada Lucia. Este eje vinculado al vestuario nos interesaba especialmente, porque da cuenta de una dimensión fundamental de su práctica: su relación con el mundo de la ópera, la música y también el ballet.“
Llegando al final de la entrevista, la investigadora destaca la incorporación de dos elementos con una fuerte carga afectiva dentro de la muestra. Por un lado, el video realizado por Elena Grompone, nieta de Lily Salvo, quien viajó desde Italia para realizar una pasantía en el Museo Nacional de Bellas Artes durante la exhibición. Allí produjo Io non so pregare, una pieza concebida como homenaje a su abuela, que forma parte del recorrido expositivo y establece un puente sensible entre la obra de Salvo y la producción contemporánea de su propia familia.

Para finalizar, nos invita a recorrer la exhibición destacando una decisión expositiva: “En la sala hay un elemento expositivo muy particular: una pantalla de gran formato —de casi dos metros— que presenta un recorrido por los cuadros. Esta decisión permite acercar obras que no pudieron trasladarse y, al mismo tiempo, comprender mejor la relación entre pinturas, grabados y dibujos, ampliando el acceso a la obra.”
La exposición “Lily Salvo. En el umbral del misterio” puede visitarse en el Museo Nacional de Bellas Artes (Av. del Libertador 1473, segundo piso) del 8 de abril al 10 de mayo de 2026. La muestra reúne 45 obras -entre grabados, dibujos y pinturas- que permiten adentrarse en el universo visual de la artista y en una producción atravesada por el exilio, la experimentación técnica y la exploración de lo simbólico y lo onírico.









