Darío Signorini: “La juventud debe ser transformadora y revolucionaria”

El pasado lunes 18 de mayo se realizó una nueva edición de la ya tradicional Cena del Lunedì en el Circolo Italiano de Buenos Aires. La cena contó con la presencia de diversos referentes de la colectividad italiana tanto de Buenos Aires como a nivel nacional. En esta ocasión, el invitado de honor fue Darío Signorini, actual Presidente del COMITES de Buenos Aires y de FEDIBA, entre otros cargos. Bajo el título “Juventud, desafío para el futuro”, el disertante profundizó en el rol que cumplen, actualmente, las nuevas generaciones dentro de la colectividad y cómo es posible realizar exitosamente una integración generacional

“Juventud, desafío para el futuro”

El salón Roma estaba completo. Las mesas, ocupadas por socios del Circulo Italiano, amigos y colegas de la italianidad. Entre los asistentes y sentado en la mesa principal, se encontraba Carmelo Barbara, Cónsul General de Italia en Argentina, encargado de las palabras del brindis final. La tradicional Cena del Lunedì comenzó con la presentación de Patricio Percivale, Presidente del área de cultura. Automáticamente, la palabra pasó al Dr. Darío Signorini que, durante la primera parte (y mientras llegaban la entrada y el plato principal a las mesas) expuso el tema de la noche.

Dario Signorini en la mesa principal junto a Carmelo Barbera, Cónsul General de Italia en Buenos Aires, Patricio Perciavale y miembros de la Comisión Directiva del Círculo Italiano. Autora: Marina Artese Grillo.

La (pre)ocupación de las colectividades, en general, y de la italiana, en particular, respecto a los jóvenes. “Necesitamos como sociedad tener la posibilidad de una interacción con las nuevas generaciones. Esto nos permite trabajar otras dinámicas en un mundo de guerra, en un mundo de individualismo, un mundo que es todo lo contrario al legado que nosotros recibimos”. 

“Hoy muchas instituciones carecen de alma”

Si bien la colectividad italiana ha avanzado a lo largo de los años, también tiene algunas asignaturas pendientes. En especial, tal como señala Darío, el papel que ocupan las nuevas generaciones. “Hace mucho tiempo que vislumbro, en las asociaciones y en instituciones, que los jóvenes son utilizados de una manera poco productiva, poco inteligente. Se los usa, a veces, para abordar cuestiones culturales que hacen a la vida de los antepasados pero no, a la vida del presente y del futuro. Recuerdo a muchos dirigentes, cuando eran jóvenes que tuvieron sueños, que construyeron asociaciones y les dieron el alma. Hoy muchas instituciones carecen de alma. Algunas se convirtieron en depósitos de libros y otras, en peñas gastronómicas”.

“La renovación en nuestra colectividad no es para mañana, es para antes de ayer”

Más allá de sus roles dentro de la colectividad, Darío es un gran promotor de proyectos culturales que visibilizan, revalorizan y nutren a la comunidad italiana. Y, una vez más, en la Cena del Lunedi resaltó el ADN italiano formado por la familia, la fe, el trabajo y la pasión. Gracias a dichos valores que atraviesan nuestra sangre, el trabajo conjunto y mancomunado no nos es indiferente. Pasa a formar parte también de nuestra identidad. Y cuando hablamos de fe, no podemos dejar de mencionar a otro hijo de inmigrantes italianos que dio mucho de qué hablar en las últimas décadas y fue un gran defensor de las juventudes. Como no podía ser de otra manera, el Papa Francisco se hizo presente en las palabras de Darío Signorini. “Francisco indujo a los jóvenes a hacer lio”. Desordenar las estructuras preestablecidas para construir algo nuevo. ”La renovación en nuestra colectividad no es para mañana, es para antes de ayer”.

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Llegado este punto, Darío se centró en algunas asociaciones italianas que hoy son un ejemplo para el resto de la colectividad, “están creciendo de una forma extraordinaria. Y ahí es donde se ven comisiones directivas aggiornadas”. Tal es el caso del Club Italiano, que está cumpliendo su 128° aniversario y que ofrece diversos deportes y propuestas. Entre las instituciones nombradas, también se encuentra la Sociedad Friulana de Buenos Aires, con 98 años de vida, cuyo presidente “Juan Pablo Lauricella no llega a los 40 años”, resaltó Darío. Pero no son la excepción. Hay otros tantos jóvenes que integran puestos importantes en asociaciones, solo hay que visibilizarlos, como Silvina Valoppi (Vicepresidenta 2° de FEDITALIA, tesorera de FEDIBA y referente de la MaraTana) o Mariel Pitton Straface (Directora del Ballet Italiano Radici).

“Cuando tenemos ausencia de jóvenes en las instituciones, debemos preguntarnos por qué”

Otro de los aspectos abordados durante la Cena del Lunedì fue el modo en realizar el tan necesario traspaso generacional. Respecto a este desafío, Darío resaltó que “no puede haber luchas generacionales. Los más grandes, que son imprescindibles y necesarios, tienen que volcar con maestría su sabiduría y su experiencia”. Y haciendo alusión a las palabras de Paulo Freire, “no tener la pretensión de enseñar, sino que todos aprendamos. Aquellos que tenemos experiencia y también aquellos que la están adquiriendo. Todos pueden enseñar algo”. Desde ese punto de vista, Darío invita a hacer una autoevaluación: “cuando tenemos ausencia de jóvenes en las instituciones, debemos preguntarnos por qué y para qué”. Y, de esta forma, nos insta a reflexionar y, también, a tomar cartas en el asunto. “Tenemos que trabajar en una integración generacional que nos permita integrar la sangre nueva, el ritmo que pueden aportar los jóvenes con la sabiduría de los ancianos”.

Una red de oportunidades para la juventud

Cuando hablamos del impacto social, hablamos de las acciones solidarias, ambientales, comunitarias, que hacen a que tengamos una sociedad más comprensiva e impide seguir difundiendo el individualismo”. Teniendo en cuenta dichos valores, la comunidad italiana – a través de sus instituciones – ofrece algunas iniciativas a las nuevas generaciones. Como es el caso de la Diplomatura en estudios y gestión de instituciones de la colectividad italiana en Argentina (CIAAE), de la MaraTana y “el Plan Fénix, implementado por el Consulado General con la Cámara de Comercio Italiana”.

El cómic “El Hotel de los Invisibles” fue promovido por el COMITES de Buenos Aires.

Asimismo, Signorini resalta la importancia de  “trabajar con el lenguaje de los jóvenes”, objetivo cumplido, por ejemplo, mediante el fumettoEl Hotel de los Invisibles”, desarrollado por el COMITES de Buenos Aires. “El cómic recoge la historia de la inmigración con la huella de los italianos en la Argentina. Es una síntesis. Y también posee una ficha que interpela al alumno o al lector para saber cuáles son sus orígenes, de dónde viene, cómo se desarrollan”. 

La enseñanza de la lengua italiana es la clave para acercarse a las raíces

“Esa forma de comunicarnos nos hace mucho más accesible a algo que, para mí, es fundamental: la formación de dirigentes”. Dentro de este aspecto, Darío resaltó la importancia de (re)integrar a los egresados de las escuelas paritarias quienes poseen algunas ventajas: “conocen el idioma, trabajan en comunidad, saben lo que es la solidaridad y también la Italia viva, la Italia de hoy”. Y, de esta forma, el conocimiento del idioma se transforma en la clave del cambio, en LA oportunidad (en mayúsculas) para vincular a los jóvenes con la italianidad. “Es fundamental que las asociaciones trabajen en este sentido, enseñando la lengua italiana. Que vuelvan el profesorado de italiano y los cursos de idioma a las instituciones”.

El diálogo con la juventud, el protagonista del Museo de la Inmigración Italiana

Imposible recoger en una sola nota las casi tres horas que duró la Cena del Lunedì del 18 de mayo. Darío habló largamente sobre los distintos proyectos que hoy posee la colectividad para con la juventud. Uno de ellos, que está en pleno desarrollo, es la construcción del Museo de la Inmigración Italiana. “No es un museo para las fotos antiguas, las valijas de cartón. Es un museo interactivo donde se plasma esta comunión entre generaciones. Tiene que ser un ámbito de diálogo, de modernidad, y también tiene que ser un lugar donde cruzamos algunas barreras”. De esta forma, se plantea que sea similar al Museo de la Inmigración Italiana que se encuentra en Génova. ¿En nuestro caso dónde estará? En la Costanera Norte, frente al Aeroparque Jorge Newbery, en el Corredor de los Jóvenes, vicino al Monumento a Cristóbal Colón. A través de este Museo, “hoy podemos mostrarles al mundo y a Italia que estamos honrando el pasado, trabajando el presente con los jóvenes y construyendo (con y para ellos) el futuro”.

“Debemos dejar la nostalgia del pesimismo para dar lugar a esta sed del encuentro”

Otro de los temas abordados durante la velada fue el voluntariado, emparentado directamente con el servicio. Es su base fundamental. En una sociedad materialista y superficial como lo es el siglo XXI, se vuelve esencial “servir al otro”. Bajo la alusión al mensaje del Papa Juan Pablo II, Darío resalta la importancia del servicio. “Este accionar contradice los egos, la soberbia y la vanidad. Entonces, es un acto para recuperar nuestro humanismo con una sonrisa ante la agresión y con un buen sentido del humor. La sonrisa tiene que ver con la alegría del corazón. Debemos dejar la nostalgia del pesimismo para dar lugar a esta sed del encuentro. Así estaremos generando una comunidad más activa con mucha profundidad en el tiempo. Y, seguramente, empezaremos la nueva aventura de una nueva colectividad”.

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De izquierda a derecha: Roberto Andolina, Darío Signorini, Aldo Caretti, Jorge Sereni y Antonio Groppa.

Si bien la disertación en su conjunto podría mal interpretarse como un olvido del pasado, Darío llama a “parar la pelota”. El desafío es introducir la innovación sin perder de vista la tradición. “No podemos hacer una eutanasia cultural, les debemos un respeto a los ancianos. Debemos retomar la energía que una institución necesita para que esa alma pueda seguir conduciendo los destinos de una institución, aggiornado al tiempo que nos toca vivir”.

Un llamado especial a la integración generacional

Tal como observamos, la exposición abordó temáticas que hoy ocupan a la colectividad italiana. Con un Salón Roma lleno de asistentes compenetrados en cada una de las palabras del invitado, se vivió un clima especial en la Cena del Lunedì de aquel 18 de mayo. Con el postre, se dieron lugar a las preguntas y consultas. Nuevamente, volvió a nombrarse el Museo de la Inmigración Italiana. Como así también se resaltó la necesidad de un congreso para los jóvenes ítalo-argentinos, la posibilidad de recuperar el BA Celebra Italia y se abordaron las estrategias para derribar las barreras institucionales respecto a los jóvenes. Casi llegando al final de la cena, Darío Signorini convocó a todos los conciudadanos a seguir trabajando juntos para la integración generacional. “No podemos esperar que el mundo cambie, tenemos que cambiar nosotros y, cambiando nosotros, podemos corregir una parte chiquita del mundo. Es una construcción diaria”.

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Con cada acción realizada, “tenemos que pensar los más grandes qué sociedad le dejamos a los más chicos, cuál es esa huella, ese legado”. Y además llamó a tener una escucha activa, a saber escuchar las necesidades de la colectividad. “La juventud debe ser transformadora y revolucionaria porque, de otro modo, se convierte en una simple vejez que se anticipa a las canas”. Para finalizar su participación, Darío Signorini, parafraseando a Manuel Belgrano, reconoció que su objetivo no es ser el mejor dirigente de la colectividad, “sino haber sido un buen hijo de Italia y Argentina”.

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