Corto circuito all’ italiana: Tensiones modernas en el cine de los años sesenta

¿Qué sucedió después del neorrealismo italiano? ¿Cómo ingresa Italia a la modernidad cinematográfica? ¿Qué hace del cine italiano de los años sesenta un territorio tan singular? Estas preguntas atravesaron la conferencia “Corto circuito all’italiana”, brindada por Maximiliano Taricco en AREATEC, en el marco de un ciclo audiovisual curado por Milagros Mocellini Vattay en el Edificio Cassará. A partir de un recorrido histórico, social y estético, Taricco propuso pensar cómo el cine italiano expresó las contradicciones culturales, políticas y económicas surgidas tras la Segunda Guerra Mundial y durante la consolidación de Italia como república moderna. 

Neorrealismo y reconstrucción de la Italia de posguerra 

El especialista Maximiliano Taricco* inició la conferencia contextualizando la situación política y social de Europa junto con el gran antecedente inmediato del cine italiano de mediados del siglo XX. El neorrealismo se consolidó a partir de figuras como Roberto Rossellini, Vittorio De Sica y Luchino Visconti, cuyas películas expusieron la devastación material y humana provocada por la Segunda Guerra Mundial. Surgió así como una respuesta estética y ética frente a la crisis económica, social y moral que atravesaba Europa en la posguerra.

Germania anno zero (Roberto Rossellini, 1948) Berlín reducida a escombros. Rossellini registra el colapso de una ciudad y de toda una generación tras la Segunda Guerra Mundial.

El sello del neorrealismo estuvo ligado al uso del plano-secuencia y de la profundidad de campo, recursos ampliamente analizados por André Bazin. El crítico sostenía que estos procedimientos permitían preservar la continuidad espacial y temporal de la realidad, evitando una manipulación excesiva mediante el montaje. En ese sentido, la estética neorrealista no sólo implicaba una decisión formal, sino también una postura ética frente a la representación de lo real.

Fotograma de Ladri di biciclette (Vittorio De Sica, 1953)

Al mismo tiempo, la reciente República Italiana se encontraba revisando críticamente su propia identidad nacional, las huellas del fascismo y los procesos migratorios que transformaban el país.

Roma, città aperta (1945), dirigida por Roberto Rossellini, es una de las obras fundacionales del neorrealismo italiano y retrata la resistencia romana durante la ocupación nazi en la Segunda Guerra Mundial.

Sin embargo, durante las décadas siguientes Italia atravesó profundas transformaciones. El Plan Marshall impulsado por Estados Unidos aceleró el pasaje de una economía predominantemente agrícola hacia una sociedad industrializada y urbana. Este proceso de modernización impactó también en el cine: nuevas tensiones urbanas, cambios en las formas de consumo y una creciente cultura de masas comenzaron a atravesar las imágenes.

La deriva autoral del cine italiano moderno 

La conferencia titulada “Corto circuito all’italiana” propuso precisamente pensar ese choque de fuerzas. La metáfora alude al contacto entre polos opuestos durante la década de los ‘60: tradición y modernidad, comedia y artificio, cultura popular y experimentación formal. A diferencia de la relativa cohesión estética de otros movimientos europeos, como puede ser el caso francés con la Nouvelle Vague y la Rive Gauche, el cine italiano de los años sesenta se caracterizó por una convivencia heterogénea de búsquedas y sensibilidades. Entonces durante el evento, Maximiliano Taricco destacó cómo la diversidad de figuras y estéticas contemporáneas del cine italiano se caracteriza por trayectorias individuales y búsquedas autorales singulares, más que por la conformación de movimientos colectivos homogéneos.

Ironía y retrato social: la commedia all’italiana

Taricco avanza describiendo uno de los géneros fundamentales de este período, la commedia all’italiana, caracterizada por un tono vivaz, satírico y profundamente crítico. Lejos de tratarse de simples comedias ligeras, estas películas utilizaban el humor para revelar las contradicciones morales y sociales de la modernización italiana.

Marcello Mastroiani en el afiche del film Divorzio all’italiana de 1961 dirigida por Pietro Germi

A través de personajes ambiguos, inseguros o emocionalmente contradictorios, estos films buscaban generar incomodidad y cuestionar valores que comenzaban a mostrarse agotados frente a las nuevas dinámicas del consumo y del progreso económico.Entre sus principales referentes se encuentran Dino Risi, Luigi Comencini y Mario Monicelli, junto a figuras actorales como Vittorio Gassman, Marcello Mastroianni y Ugo Tognazzi.

Il sorpasso (Dino Risi, 1962) protagonizada por Vittorio Gassman, constituye uno de los ejemplos más emblemáticos de este género.
Il sorpasso (Dino Risi, 1962) protagonizada por Vittorio Gassman, constituye uno de los ejemplos más emblemáticos de este género.

Uno de las aspectos que indica Maximiliano Taricco es cómo las películas de la commedia all’italiana contribuyeron a construir y difundir una determinada iconografía del paisaje italiano, colaborando indirectamente con la promoción del turismo, industria cultural que comenzaba a consolidarse hacia mediados del siglo XX. A través de rutas, ciudades, balnearios y escenas de ocio moderno, estas películas no sólo retrataban las transformaciones sociales del período, sino que también proyectaban una imagen atractiva y exportable de Italia asociada al consumo, el viaje y el bienestar económico.

Cine de masas y exportación cultural 

Continuando con el derrotero, Taricco se detiene en las películas más populares de aquellos años, las denominadas Peplum, filmadas en los estudios de Cinecittà. De temáticas mitológicas grecorromanas, estos films buscaban recrear relatos heroicos, epopeyas bíblicas, batallas épicas y leyendas antiguas, caracterizándose por el despliegue de monumentales escenografías, escenas multitudinarias y protagonistas masculinos de cuerpos hipermusculados.

Fotograma de Espartaco (Stanley Kubrick, 1960)

El péplum constituyó una de las grandes industrias cinematográficas italianas de exportación: producciones concebidas para circular internacionalmente, especialmente en Estados Unidos y América Latina. Muchas alcanzaron enorme popularidad y reconocimiento internacional, obteniendo incluso premios como los Academy Awards.

Afiche del film Ben-Hur (1959, William Wyler)
Afiche del film Ben-Hur (1959, William Wyler)

Aunque trabajaban con presupuestos más modestos que las superproducciones hollywoodenses, estos films buscaban emular el espectáculo épico del cine histórico clásico norteamericano, consolidando una maquinaria industrial orientada al consumo masivo y al mercado global.

Michelangelo Antonioni, la crisis de la modernidad

Luego de las Guerras Mundiales, el sujeto atraviesa una profunda crisis existencial y simbólica: ¿cómo enfrentar la vida y producir poesía después del horror y la devastación provocada por el propio ser humano? Estas preguntas, presentes en las reflexiones de Theodor Adorno, atraviesan gran parte del pensamiento y del arte de posguerra.

El cine de Antonioni (1912-2007) expone precisamente ese estado de desconexión y extrañamiento a través de personajes inmóviles o emocionalmente bloqueados, insertos en paisajes desolados, arquitecturas ambiguas y relatos de finales abiertos o inconclusos. Sus películas construyen así la imagen de un sujeto alienado, atravesado por la incomunicación, la desconexión afectiva y el vacío existencial frente a la modernidad.

Fotograma de L'eclipse (M. Antonioni, 1962), protagonizada por Monica Vitti y Alain deLon
Fotograma de L’eclipse (M. Antonioni, 1962), protagonizada por Monica Vitti y Alain deLon

Las obras de Antonioni retratan la incomodidad del individuo moderno ante un mundo en transformación, donde los vínculos afectivos, el lenguaje y las certezas tradicionales parecen erosionarse. En este sentido, el docente e investigador Maximiliano Taricco retoma las ideas de Deleuze para pensar esta transición como el pasaje de la “imagen-movimiento” a la “imagen-tiempo”: una nueva forma cinematográfica en la que la narración clásica entra en crisis y donde el tiempo, la espera, el silencio y la percepción adquieren centralidad.

Michelangelo Antonioni junto a su actriz recurrente Monica Vitti, figura central del cine moderno italiano de los años sesenta.

En Antonioni, la acción deja de organizar el relato de manera clásica; el tiempo permanece suspendido, los personjas parecen ausentes o imposible de comunicarse. Películas como L’Avventura, La Notte o L’Eclisse convierten el vacío y el extrañamiento en nuevas formas expresivas capaces de revelar la fragilidad emocional y simbólica de la vida contemporánea.

El gesto irreverente de Pasolini 

Uno de los grandes referentes de la cultura italiana fue Pier Paolo Pasolini (1922–1975), figura fundamental tanto en el plano estético como político. Su obra cuestionó las tradiciones culturales italianas, el catolicismo, el intelectualismo burgués y las formas dominantes de concebir y producir arte. También abordó de manera provocadora la sexualidad, el deseo, la marginalidad y los vínculos con las masas obreras y los sectores populares.

Pier Paolo Pasolini junto a Enrique Irazoqui, quien interpreta a Jesucristo en El evangelio según San Mateo (1964).

Además de su labor como poeta, ensayista y cineasta, realizó numerosas películas inspiradas en mitos griegos y en obras de la literatura universal e italiana, retomando autores como Giovanni Boccaccio, Geoffrey Chaucer y Sófocles, entre otros.

Fotograma de cortometraje La ricotta (P. P. Pasolini, 1963) incluido en la película colectiva Ro.Go.Pa.G (dirigida por Rossellini, Godard, Pasolini, Gregoretti).

Durante el evento, Maximiliano Taricco proyectó un fragmento de uno los films más representativos de la modernidad italiana, el cortometraje La ricotta (1963). Este segmento cuenta con la actuación especial de Orson Welles. 

Vittorio De Seta y las poéticas del Mezzogiorno

Para finalizar, Taricco menciona un caso particular cercano a esos años, el cine de Vittorio De Seta (1923-2011), documentalista antropológico cuyo material de archivo fue posteriormente revalorizado por Francis Ford Coppola y George Lucas, quienes impulsaron su restauración y remasterización junto a la Cineteca di Bologna.

Fotograma de Un giorno in Barbagia (Un día en Barbagia), dirigido por Vittorio De Seta en 1958.

De Seta dedicó gran parte de su obra a registrar las costumbres de las comunidades rurales del sur de Italia, especialmente en Sicilia, Cerdeña y Calabria. Sus documentales observan el trabajo de pescadores, mineros, pastores y agricultores que vivían según tradiciones preindustriales heredadas de sus antepasados, conservando además el uso de dialectos regionales.

Fotograma de La edad del pez espada (The Age of Swordfish), dirigida por Vittorio De Seta en 1954.

A través de estas imágenes, el director exhibe un universo alejado de la modernidad urbana e industrial de la Roma. Su cine funciona como documento etnográfico y poética visual de los márgenes, donde paisaje, trabajo y cuerpos adquieren una dimensión mítica.

I dimenticati (Vittorio De Setta, 1959)

Por último, Maximiliano Taricco dejó abierta la invitación a seguir pensando y descubriendo el cine italiano en futuros ciclos y seminarios. Un territorio inagotable donde conviven experimentación estética, tensiones políticas y profundas transformaciones culturales. Allí estaremos, atentos a las próximas proyecciones y conversaciones.

* Maximiliano Taricco es Licenciado en Artes con orientación en Cine y Artes Audiovisuales por la Universidad de Buenos Aires. Se especializó en Dirección de Fotografía en el Centro Sperimentale di Cinematografia de Roma y en la ENERC. Desarrolló una trayectoria profesional internacional en Italia, Alemania y Argentina, trabajando en producción comercial, cine documental y gestión académica. Actualmente se desempeña como docente en la Universidad Nacional de Quilmes y en el Ministerio de Educación de la Ciudad de Buenos Aires. 

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