Finalizamos nuestra cobertura de la Settimana del Cinema Italiano a Buenos Aires con una entrevista a PIF sobre su último film, Che Dio perdona a tutti, un largometraje que pone en escena, con humor y sensibilidad, las contradicciones de la vida devota.
Settimana del Cinema Italiano a Buenos Aires
La comedia romántica, basada en el libro homónimo publicado en 2018 por su guionista y director, Pierfrancesco Diliberto, conocido como PIF, y estrenada en Buenos Aires en el marco de la Semana del Cinema Italiano, nos propone una historia que pone en relación la fe, el amor y sus paradojas, mientras nos invita a disfrutar de uno de los grandes placeres de Palermo: su pasticceria.
En la Sicilia contemporánea, Arturo, un exitoso agente inmobiliario desencantado con el amor, encuentra a Flora, su alma gemela y, casualmente, una apasionada pastelera. Pero hay un obstáculo: ella es una ferviente católica y él dejó de creer en Dios desde niño. Para conquistarla, Arturo decide fingirse creyente y emprende un inesperado viaje entre la fe, el amor y la verdad, acompañado por un cómplice tan inesperado como el Papa.

Una fe a medida
En la película confluyen tres universos muy poderosos: el amor, la fe católica y la tradición de la pasticceria italiana. ¿Hasta qué punto esos elementos forman parte de una identidad cultural que querías retratar?
La idea fue un poco denunciar, o hacer una suerte de cargada hacia los italianos, en el sentido de que toman de la fe aquello que les resulta más fácil. No la exploran en profundidad, sino que se quedan con los elementos que tienen más a mano, con lo más accesible. El título retoma un conocido dicho siciliano, “Futti futti, ca Diu pirduna a tutti”, expresión irónica que alude a la posibilidad de actuar en beneficio propio confiando en el posterior perdón divino.
Además, la construcción del personaje también tiene algo de autobiográfico, y eso se refleja, por ejemplo, en su obsesión con la pasticceria y los dulces de Palermo. Pero, en el momento en que Arturo tiene que enfrentarse al amor que siente por Flora, surge un conflicto entre ese amor, su credo y su adicción por los dulces.

Confesiones sobre el amor
La presencia de la figura del Papa, interpretado por Carlos Hipólito, y particularmente las escenas en el confesionario funcionan como un espacio de reflexión y narración para el protagonista. ¿Cómo pensaste este recurso y esta posibilidad de autorreflexión?


“En realidad, toda la película es una confesión. Más allá del recurso de las escenas en el confesionario, el protagonista termina confesándose también en la escena final con el Papa. Y el Papa termina siendo, de manera involuntaria, un amigo. Más allá de toda la dimensión teológica y religiosa, se convierte en un apoyo para el protagonista, no solo en sus conflictos vinculados con la fe, sino también en sus cuestiones amorosas.”
El encuentro con el Papa Francisco
En la película se incluye una escena especial, el registro del encuentro en el que le hablás al Papa Francisco sobre tu libro. ¿Cómo fue ese encuentro con Jorge Bergoglio y qué vínculo o inspiración surgió a partir de esa experiencia?
“Yo soy un admirador de Francisco porque realmente me inspiró a hacerme ciertas preguntas y a cuestionarme aspectos de la doctrina religiosa que quizás, durante el pontificado de otros papas, nunca me había planteado.”

“Incorporar esa escena a la película fue un privilegio. Por su “culpa”, existen tanto esa escena como el libro. Para mí, poder contárselo a los espectadores es un privilegio. Y el hecho de evocar a Francisco en el personaje que interpreta Carlos Hipólito, aunque no se lo mencione explicitamente, le aporta más profundidad particular y espesor a la intención de la ficción.”
Entre el agnosticismo y el catolicismo
Desde su mirada agnóstica, PIF no busca necesariamente lo trascendente en la idea de un Dios supremo, sino en aquello que forma parte de la vida cotidiana: el amor, los dulces e incluso el fútbol. Aunque reconoce que no es un apasionado del deporte, recuerda como épico el partido entre Italia y Brasil del Mundial de 1982. En cambio, admite sin vueltas su pasión por los dolci. Son, en definitiva, esos pequeños placeres y vínculos de la vida cotidiana los que atraviesan la película y abren la posibilidad de encontrar algo extraordinario en lo más cercano.
Cannoli, cassata siciliana, pan d’arancio y sciù con ricotta: I dolci di Palermo
En la película, los dulces no son solamente una pasión de Arturo, sino también un lenguaje afectivo que conecta a los personajes. Teniendo en cuenta los elementos autorreferenciales de la historia, ¿cuál es tu dolce favorito?
La verdad es que mi dolce preferido sigue siendo siempre uno palermitano. Me inclino por el sciù con ricotta, que es uno de los dulces que aparecen y se mencionan en la película, porque a mí me gusta muchísimo la ricotta. El cannoli también me gusta, pero no me convence que sea un dulce frito. Así que, definitivamente, me quedo con el sciù con ricotta, ya que el relleno de los sciù es mucho más ligero, liviano y épico.



