Desde Calabria, Melisa Quintero reconstruye el recorrido de su familia y reúne en un libro una trama de migraciones, guerras y pérdidas. Una investigación íntima que atraviesa generaciones y recupera las huellas de quienes se fueron, quienes se quedaron y quienes regresaron.
El camino hacia las raíces familiares
Melisa es diseñadora gráfica, fotógrafa y guía interprete ambiental. Luego de llevar adelante una investigación generacional sobre su familia, reunió su búsqueda y hallazgos en un libro. En entrevista con La Sfogliatella, nos cuenta como surgieron sus inquietudes y de que manera su presente dialoga con su pasado.
¿Podrías contarnos brevemente sobre tus orígenes y la historia de tu familia en Sicilia, temática que abordás en el libro “Los que se fueron, los que se quedaron y los que volvimos”?
“Mis raíces están divididas en dos, de parte de mi mamá es prácticamente 100% italiana, ya que mi abuelo, o sea su papá, era italiano y a su vez él estaba casado, con hija de italianos. Así que de ahí hacia arriba eran todos italianos, específicamente de la isla de Sicilia, al sur de Italia, y todos pueblitos muy chiquititos de lo que se llama la Entroterra y particularmente todos alrededor del volcán Etna.”
“Esta investigación comenzó con los trámites de mi ciudadanía, pero siempre estuve interesada en entender un poco mis raíces y buscar actas, documentos, preguntar dónde había nacido este, dónde había nacido el otro. Entonces encontré en la historia de mi bisabuelo dos migraciones. La primera fue a Nueva York, que era un dato que, por lo menos los más allegados de mi familia, no tenian registro. Después, hablando con primos y otros familiares, salieron varias cosas a la luz. Después, la historia de que había emigrado a Argentina, obviamente, y ahí, bueno, comienza nuestra historia.”
¿Qué acontecimientos y experiencias marcaron su recorrido?
“Además de las migraciones, mi bisabuelo sufrió la pérdida de su primera esposa y de cuatro de sus hijos. Era algo bastante frecuente en la Sicilia rural de aquella época, donde el aislamiento, la falta de servicios médicos, las enfermedades, la hambruna, la pobreza y el hacinamiento hacían que muchos niños murieran al nacer o a los pocos meses de vida.”
“Así, su historia quedó marcada por tres grandes acontecimientos: la migración, las pérdidas familiares y la guerra, ya que también participó en la Primera Guerra Mundial.”
¿Qué te llevó a emprender la escritura de “Los que se fueron, los que se quedaron y los que volvimos“? ¿En qué momento sentiste la necesidad de reconstruir esa historia familiar?
“La idea del libro surgió casi al final de mi búsqueda, principalmente me atrajo de toda esta historia fue la guerra. En mi primer viaje a Italia, el año pasado, visité el Museo della Fotografia Robert Capa. Como fotógrafa, me llamó mucho la atención que hubiera un museo de fotografía en Troina, un pueblo chiquito de Sicilia. El museo es realmente espectacular.”

© Robert Capa © Centro Internacional de Fotografía | Magnum Photos
“Robert Capa fue un fotoreportero de guerra, quien fundó junto a colegas la agencia Magnum, sus imágenes me conmovieron mucho. A partir de ahí empecé a imaginar los lugares por los que había pasado, los escenarios de la guerra en Sicilia. Conversando con varios familiares, surgió la info que mi bisabuelo había participado en la guerra, al igual que otros miembros de la familia. Eso despertó mi curiosidad: empecé a leer sobre Capa y a preguntarme cómo podía encontrar información sobre la guerra, pero vinculada con la vida de mi bisabuelo, dónde había estado y cómo había sido su experiencia.”
“Por medio de la I.A. logré encontrar sus folios o fichas matriculares militares, que contienen el historial de guerra de una persona. De repente, me encontré con muchísimo material que fui explorando, junto con testimonios, documentos, libros e información en internet. La idea del libro nació, entonces, de pensar que me encantaría que alguien que viniera después de mí y quisiera conocer la historia de nuestra familia pudiera encontrarla de una manera más accesible, sin tener que atravesar todo lo que me costó a mí.”

“La reconstrucción familiar es algo que me viene dando vueltas en la cabeza desde hace tres o cuatro años. El año pasado, cuando decidí viajar a Italia para hacer la ciudadanía —algo que finalmente no pude concretar— aproveché parte de lo que ya había investigado y me adentré todavía más en la búsqueda de actas, visitando comune y demás. Me di cuenta de que toda esta tarea me entusiasmaba y que también me gustaba mucho la genealogía.”
En el libro diferencias aquello que está respaldado por documentos, los datos que presentan dudas o fueron deducidos y los relatos familiares. ¿Cómo fue ese trabajo de reconstrucción? ¿Qué desafíos implica trabajar con una memoria que combina archivos, hipótesis y testimonios transmitidos de generación en generación?
“El árbol genealógico y la cronología fueron elementos súper difíciles de armar, porque existe una variedad de fuentes de donde saqué el material: unas son testimonios de lo que me contaron familiares y también hay info de lo que yo encontré en un acta, lo que encontré en otra, o sea, en cuatro tipos de actas, hay material e información diferente, entonces realmente era muy confuso.”
“Por otra parte, los nombres se repiten muchas veces: Rosa, Pablo, Antonio, Antonino, a veces mal escritos, a mi abuelo Antonino le decían Antonio y a mi bisabuelo Antonio, Antonino, entonces realmente fue dificil y por momentos fue optar por un dato o por el otro.”
“Otra de las cuestiones fue que mi bisabuela, no sabía ni leer ni escribir, entonces yo creo que muchas veces partes de esos errores tienen que ver con eso, porque ella no podía constatar, quizás al decir su edad se confundía, la verdad es que trato de hacer mil hipótesis al respecto, entonces hay cierta información que no es coherente.”

Antonino (izq.) y Antonio, abuelo y bisabuelo de Melisa Quintero, en Luján, provincia de Buenos Aires.
“Por otro lado yo no soy historiadora, soy aficionada, entonces solo me puedo basar en lo que conozco, en lo que leo y más o menos tratar de imaginar y reconstruir a partir de lo que encuentro, hay toda una otra parte a la que yo no puedo acceder.”
En el libro mencionás Metagenealogía, de Alejandro Jodorowsky, y sus conceptos como el tesoro y la trampa ¿Cómo dialogan estos elementos con tu historia?
“El libro de Jodorowsky llegó como la frutilla del postre, por recomendación de un reel de Instagram, cuando ya tenía bastante avanzado el boceto de mi propio libro. Su lectura profundizó una inquietud que me acompaña desde hace tiempo: ¿por qué elegí volver a Italia, el mismo lugar del que mis antepasados habían tenido que partir huyendo de la guerra, el hambre y otras dificultades? ¿Qué nos impulsa a regresar a esos lugares de los que alguna vez nuestras familias debieron escapar?”
“Jodorowsky explica que el árbol genealógico puede ser una trampa o un tesoro, según lo que encontremos en él. En mi historia encontré muchas muertes, dolor, sufrimiento y guerra, y eso quizás explica algunas de las preguntas que me hago y que también trabajo con mi psicólogo, especialista en migración. A veces uno se siente perdido, siente que ningún lugar es del todo propio. Me di cuenta de que yo también migré muchas veces, aunque dentro de Argentina: de un pueblo muy pequeño a Buenos Aires, de la gran ciudad a un pueblo remoto de la Patagonia y, finalmente, a Italia.”
La herencia del árbol
“Creo que las elecciones que hacemos como adultos, aun siendo propias, tienen cierta correlación con algo que sigue latente en nosotros y que viene de mucho antes, de la historia de nuestro árbol. No es lo mismo un árbol sedentario que uno nómade, uno que tuvo que emigrar a un país completamente nuevo, aprender otro idioma y atravesar enormes desafíos. Mi abuelo, por ejemplo, tenía dificultades para aprender español en la escuela y se burlaban de él. Siento que mi vida también está atravesada por esa dinámica, por una sucesión de desafíos y desplazamientos, y ahora que estoy en Italia, al mirar hacia atrás, tomo conciencia de todas las veces que me he movido.”
Como fotógrafa, incorporás imágenes de tu autoría, entre ellas fotografías del viaje a Cerami. ¿Qué lugar ocupa la fotografía en este proyecto?
“En este caso, las fotografías fueron algo secundario, lo que me llevo son las vivencias, los recuerdos y las sensaciones de llegar por primera vez al pueblo, de que la gente me preguntara qué hacía allí, imaginando que buscaba algún pariente. En realidad, solo quería conocer el lugar y conversar con sus habitantes.”
“Las fotos fueron un documento para compartir con mi familia lo que había visto, como también lo es el libro, aunque no logren transmitir lo que sentí. Hoy las miro y el paisaje me sigue pareciendo de cuento de hadas, con la particularidad de que el Monte Etna aparece en todos los pueblos de mis antepasados.”
¿De qué manera esas raíces, los desplazamientos y las experiencias de quienes te precedieron siguen estando presentes en tu vida cotidiana?
“Cada vez que tengo que hacer un trámite, un papel o un documento, y me cuesta tanto que lo vivo como una odisea, cuando finalmente lo logro lo festejo como si hubiera alcanzado algo enorme. Y siempre pienso que eso no es nada en comparación con todo lo que tuvieron que atravesar mis antepasados.”
“Vuelvo a lo que plantea Jodorowsky: el límite está en qué hacemos con nuestro árbol, si lo convertimos en una trampa o si lo aceptamos, lo trabajamos y lo procesamos hasta transformarlo en un tesoro. Creo que escribir un libro te devuelve un conocimiento sobre algo que quizás no sabías; te ayuda a comprender, procesar y aceptar, y también a tomar las riendas de tu propia vida.“
“Se trata de honrar ese árbol con gratitud, sin recriminar ni juzgar, sino mirando hacia atrás con amor y siguiendo adelante, conscientes de la presencia de quienes nos precedieron, de todo lo que construyeron y atravesaron para que hoy estemos acá. Siento que todos ellos están detrás de mí, dándome fuerza a través de sus experiencias. Por eso, de alguna manera, mi misión es vivir esta vida plenamente en su honor. A veces me pregunto qué hago acá en Italia, por qué elegí volver, y creo que esa es, en parte, la respuesta: vivir plenamente en honor a ellos.”
Después de este recorrido, ¿qué proyectos, inquietudes o búsquedas te acompañan actualmente?
“Todavía quedaron un montón de preguntas abiertas, pero la realidad es que me ganó la ansiedad y quería cerrar el libro. No tiene ningún valor comercial; simplemente, quiero que sea una memoria para mi familia, una fuente a la que las generaciones futuras puedan recurrir cuando tengan la curiosidad de conocer sus raíces, algo que yo no tuve la posibilidad de encontrar.”
“Cuando sí la tuve, era muy chica, tenía 12 años y mi abuelo estaba transitando sus últimos años. En ese momento no se me ocurría preguntarle todas las cosas que hoy le preguntaría. Así que quedan muchas incógnitas y me encantaría seguir haciendo cosas: quizás un documental, continuar investigando otras ramas de mi familia y los parientes de mi abuelo. ¿Qué pasó con las personas que él nombra? ¿A quiénes fue a visitar a Nueva York? No sé si algún día llegaré a saberlo, pero por ahora son incógnitas que siguen abiertas.”











