Franco Fiumara: “Italia es parte de mi vida y Calabria es mi pertenencia familiar”

Franco Fiumara es Juez de la Nación, docente e investigador y Doctor en Ciencias Jurídicas y en Ciencias Políticas. Asimismo, su rol dentro de la colectividad italiana también es notable. Fue Presidente de FACA (Federación de Asociaciones Calabresas en Argentina),  Vicepresidente del Sportivo Italiano, Vicepresidente de la Asociación Calabresa y Consultor de la Región Calabria. Podemos decir, sin ninguna duda, que es un verdadero referente en ambos ámbitos que se nutren recíprocamente. En la entrevista de hoy, Franco habla sobre su historia familiar, ofrece su perspectiva sobre la colectividad actual y deja un mensaje a las nuevas generaciones

¿Quién es Franco Fiumara?

Franco Fiumara es juez, docente e investigador en materias como Derecho Procesal Penal y Derechos Humanos. Es Doctor en Ciencias Jurídicas y en Ciencias Políticas. Además, tiene un posgrado en la Universidad de Bari (Italia). En 2025, presentó su libro sobre juicios en ausencia, una herramienta jurídica muy relevante para causas de lesa humanidad.  Por si fuera poco, divide su tiempo entre el sistema judicial argentino y la colectividad italiana, especialmente calabresa. Fue Presidente de la Federación de Asociaciones Calabresas en Argentina (FACA), Vicepresidente de la Asociación Calabresa, Vicepresidente del Sportivo Italiano y Consultor de la Región Calabria. Bajo su impulso, la FACA trabajó en la promoción de la identidad calabresa entre las nuevas generaciones. Su visión apuntó a mantener las tradiciones sin excluir la integración en los nuevos tiempos que se vislumbran.

La identidad ítalo-argentina vive en el corazón de la familia Fiumara

La italianidad forma parte de la vida de Franco Fiumara desde que tiene memoria. “En mi casa siempre mis padres nos trataban, junto a mi hermano, como ítalo-argentinos”, recuerda Franco. Y añade: “Desde el jardín de infantes, para mis compañeros era ‘el Tanito’ y mi papá, ‘el Tano’. En mi casa se hablaba italiano. Mi papá quería que podamos comunicarnos más fácilmente en todos los ámbitos que él frecuentaba.  A su vez, le facilitaba a mi mamá hablar con mis tíos y primos en Italia y en Australia (que habían emigrado a Melbourne)”.

Franco Fiumara -
Franco Fiumara en hijo de inmigrantes calabreses.

Su madre, a través de la nonna materna, hablaba otro dialecto, el de Agnone-Molise. De esta forma, el italiano se transformó en un medio de comunicación que conectó a toda la familia, a través del océano. “El idioma de Dante, la gastronomía, la música, los diarios y/o libros en italiano fueron parte cotidiana en mi vida y lo sigue siendo en la actualidad. Soñaba de pequeño con conocer Roma, Napoli, los pueblos de mis padres, y otros lugares que mi papá nos relataba en los cuentos todas las noches para hacernos dormir”. 

Con la Calabria nel cuore

Franco no puede escindir su identidad italiana y calabresa de su ser argentino. Ambas forman parte de su esencia, de quién verdaderamente es. Vivió la colectividad desde adentro, incluso antes de poder ponerle nombre. Lo calabrés formó siempre parte de su cotidianeidad, del día a día. Hoy, mirando a su infancia, pone luz sobre esos recuerdos tan queridos. Y al igual que Ariadna, Franco desata el ovillo dentro del laberinto de las historias familiares.

“Nací en el seno de la colectividad calabresa por la actividad comunitaria-asociativa de mi padre Fortunato. Era dirigente de la Associazione Pizzonese – Madonna delle Grazie, y dello Sportivo Italiano (ACIA), como lucía en el pecho de su camiseta de fútbol. Mi padre tuvo un puesto de diario cuyo nombre de fantasía era ‘El calabrés’, para que puedan imaginarse nuestra forma de vivir la calabresidad”. ¿Qué otros vestigios calabreses se percibían en lo cotidiano? No podían faltar las festividades comunitarias que se realizaban prácticamente todos los fines de semana. 

Cartas que cruzan el océano

Un lugar especial en el corazón de Franco es ocupado por sus nonnos. Sí, usando ese neologismo que hace el plural, a la forma argentina, del sustantivo italiano nonno. Esa palabra tan italiana como argentina, tan hija de la inmigración, tan ítalo-argentina. Nonnos no existe en la lengua del bel paese pero está cargada de emoción para los descendientes. El mar que había separado alguna vez a la familia, ahora traía noticias, olores, texturas y sabores del viejo continente. Cada semana, la familia Fiumara esperaba “las cartas que nos enviaba mia nonna desde Calabria, que mi mamma leía en voz alta, para familiarizarnos con nuestra familia en nuestro pueblo. Recuerdo también i “pacchi” de encomiendas que nos mandaba mia nonna desde Pizzoni y retirábamos en la Aduana (en la actual Puerto Madero). Contenían, en su interior, todos los productos típicos calabreses, y pequeños souvenirs como una camiseta de la selección Italiana de 1970, del Club Catanzaro, o autitos de Ferrari, de Fiat, entre otros regalos”.

La patria que nos habita

Tal vez cuando leemos el principio de la entrevista realizada a Franco, algo resuena en nuestros oídos y, principalmente, en nuestro corazón. Especialmente, ese sueño de conocer los lugares tan nombrados por nuestros ancestros en cada relato. No lo podemos evitar. Como hijos y nietos, Italia late en nuestro corazón antes – incluso- de haberla visto y recorrido, de haber pisado su tierra. A través de las palabras en dialecto, los aromas que deambulan por la casa los domingos a la mañana, las conversaciones de la (eterna) sobremesa, los sabores tan característicos que inundan el paladar, las manos que nos abrazan. Y además, existe otro hito que nos hermana. Ese viaje tan esperado a la tierra amada. 

Un viaje que cambiaría la vida de Franco Fiumara

Para Franco también llegaría ese momento. “En junio de 1975, viajamos con mi hermano y mi mamma a Roma, donde mis nonni nos esperaban en Fiumicino junto a mis tíos.  Nos trasladamos hasta Pizzoni en la Provincia de Catanzaro, hoy Vibo Valentia. De todos ellos, sólo conocía previamente a mi nonno Francesco, a mi zia Elisa y a mi prima Graziella. Por un lado, mi nonno Francesco viajó a Argentina en 1969, en el barco Giulio Cesare, y se quedó un mes.  Mi zia Elisa y la prima Graziella vinieron desde Australia en 1974, para luego retornar definitivamente a Pizzoni”. Recuerda Franco casi como si lo estuviera viendo.

Fiesta en Pizzoni por la Madonna delle Grazie (1990).

“Fueron de los mejores meses de mi vida, y aún hoy, cuando se cumplen 51 años de ese primer viaje, recuerdo cada momento. Jugando en el pueblo de montaña, el mar de Pizzo Calabro y las fiestas patronales. A los 10 años ya con un italiano fluido, mi estadía de meses en el pueblo me hizo entender y aprender nuestro dialecto regional.  Italia y Calabria habían colmado mi corazón”. 

¿Qué tradiciones, valores y virtudes distinguen a la colectividad calabresa?

“En primer lugar, es el sentido de pertenencia regional. Lucimos con orgullo y la frente en alto nuestra proveniencia. A ello se suma la importancia familiar basada en el respeto a nuestros padres. Otra característica que nos han transmitido es el rol y la esencia del trabajo como fuente de vida digna y los valores que nuestros padres nos inculcaron para poder progresar. Un lugar fundamental ocupa la importancia de estudiar y crecer en nuestro desarrollo intelectual. La cultura en todos sus alcances y aspectos, como así también las fiestas patronales que conducen en una línea ética del bien absoluto en base a la religión católica tienen un lugar preponderante en nuestra región. Creo que todas esas características son los grandes signos distintivos de los calabreses en su conjunto”.

¿Cuáles son los principales desafíos que enfrentan hoy las asociaciones italianas en Argentina?

Franco es un gran referente de la colectividad italiana en Argentina. Su extensa trayectoria, su trabajo a lo largo de los años y las diversas iniciativas promovidas son evidencia viva de ello. Por lo tanto, su mirada sobre la colectividad en la actualidad se vuelve una pregunta obligatoria. “Las generaciones migrantes de la posguerra, por una cuestión de pertenencia primaria, fundaron sus círculos en base a las tradiciones de cada pueblo, santo o madonna. En tal sentido, crearon infinidad de asociaciones para poder compartir en familia, alrededor de una gastronomía exquisita, y construyeron ediliciamente en torno a ello. Luego llegamos la primera generación de hijos de calabreses nacidos en el exterior, en nuestro caso en Argentina. Mayormente comprendíamos la necesidad de juntarse con sus copaesanos, revivir sus vivencias locales del paese”.

El tiempo de los nietos llegó

“Sin embargo, ahora llega lo más difícil. La generación de los nietos y descendientes, que ven con cariño las vivencias de sus nonnos, pero no participan. Tal vez porque los tiempos evolucionaron, las vivencias son distintas y las necesidades, diametralmente opuestas. Por eso fueron desapareciendo varios círculos, y la reconversión pasará por la cultura, el arte, el deporte, que son factores aglutinantes. Es sabido y estadísticamente probado que los abuelos siguen y acompañan a los nietos a sus actividades extracurriculares; pero a la inversa es prácticamente nulo. Allí radica la importancia de reconvertir todo en grandes asociaciones – antes de perder en manos del Estado las infraestructuras- y volcarlas en actividades troncales incluyentes y permanentes que trascenderán nuestro tiempo. Por lo tanto, es importante que la dirigencia esté a la altura de las circunstancias y pueda ir actuando en consecuencia”.

¿Qué significa hoy “ser descendiente de italianos” en Argentina?

“Esta pregunta me produce una doble sensación. Por un lado, congoja y angustia. Por el otro, también me llena el pecho de orgullo y de sentido de pertenencia. Con más de seis décadas de vida, transcurrí distintas etapas de transformación de sensaciones. De pequeño, recuerdo varias veces que muchos paesanos eran discriminados (de cierta manera). Esto provocaba angustia y desazón en nuestros padres y abuelos. Haber migrado hacia un lugar desconocido y con distinto idioma tenía sus dificultades”.

“Sin embargo, aquí radicó también la fortaleza de los calabreses que se instalaron en este país. La fuerza del trabajo, la capacidad de integración, el progreso continuo y el crecimiento hicieron que la sociedad argentina vaya aceptando progresivamente a los italianos y/o calabreses. Ellos hicieron crecer a la República Argentina con el sacrificio, el esfuerzo y su capacidad tan característica. Desde sus oficios y emprendimientos, la colectividad italiana en su conjunto se ganó la admiración de toda la sociedad y contribuyó de manera decisiva al desarrollo del país. Incluso dejó un frondoso legado cultural que perdurará en la Argentina a través del tiempo.”

¿Con qué palabras describirías lo que significan Italia y Calabria en tu vida hoy?

“Yo viví, vivo y viviré por el resto de mi vida, con un orgullo de pertenencia que infla mi corazón y me hace lagrimear. Cada vez que asoma la bandera tricolor, entono el Himno de Mamelli o viajo a Italia. Tuve la gracia divina de que mi papá Fortunato pudo transmitirle a mi hijo, Fabrizio Fortunato, el amor a nuestra madre tierra, el idioma y la costumbre. Por lo cual, está garantizada la continuidad de italianidad y de calabresidad a través de él. Fabrizio fue inscripto como italiano al nacer, tiene doble ciudadanía y ejercita cada uno de los derechos y obligaciones que ello significa, como el voto italiano, o participar en actividades académicas o deportivas en la comunidad. Italia es parte íntegra de mi vida y Calabria es mi pertenencia familiar”.

Franco Fiumara -
Franco junto a las integrante de la Liga Solidaria de Mujeres Calabresas en la FACA (2009).

Si pudieras volver a hablar con tus antepasados calabreses, ¿Qué les dirías?

Llegando casi al final de la entrevista, invitamos a Franco Fiumara a mirar hacia atrás. No solo a observar todo su recorrido en la colectividad italiana y calabresa, en las diversas iniciativas que promovió capitaneando asociaciones y federaciones. En cambio, lo invitamos a dar un paso más hacia el inicio de todo, a ese paesino de Calabria donde todo comenzó, cuando la historia dio un vuelco y decidió que la familia partiría hacia nuevos puertos.

Franco Fiumara -
Franco junto a su nonno Francesco, bajando desde Soriano Calabro a Pizzoni.

“Comenzaría dándoles las gracias por haberme acompañado en la vida y transmitirme todos los valores que me dieron. Quisiera regresar en el tiempo, tan solo 50 años, y volver a sentarme con mis padres, tíos y nonni en la casa de campo del pueblo. Que me sigan contando todas las historias de vida. En especial, extraño horrores cuando mi padre me contaba todas las noches sus vivencias de niño en Pizzoni. Extraño cuando relataba cómo sobrevivieron en la guerra y el dolor de deber partir pero con la felicidad de formar una familia en Argentina, manteniendo las tradiciones y los lazos familiares”.

El mensaje de Franco Fiumara a los ítalo-descendientes

En un momento de su vida, Franco se hizo consciente de su identidad y comenzó a seguir ese hilo rojo invisible que lo conectaba con sus orígenes. Con el corazón abierto del recuerdo de sus antepasados, le pedimos que comparta su experiencia y deje un mensaje a las nuevas generaciones.

Franco y Fabrizio Fiumara en el Sportivo Italiano.

Casi como si le estuviera hablando a su hijo, Franco expresa: “Primero, tienen que saber conservar su pertenencia. Conocer de dónde provienen y el motivo por el cual sus antepasados debieron emigrar. Así podrán valorar y diseñar el propio futuro con virtudes. También deben aprender a defender sus derechos y cumplir con sus obligaciones. Desarrollarse intelectualmente,  involucrarse con sus propias ideas y gustos personales en hacer crecer nuestras comunidades ítalo-argentinas en beneficio de todos. Por último, les diría que deben sentirse orgullosos de sus abuelos, padres o ancestros que nos dieron esta pertenencia a Italia”. 

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