Juan Ignacio Ugliarolo es oriundo de San Martín de Los Andes (Neuquén). Sus raíces están fuertemente vinculadas con Italia ya que su familia paterna proviene de Nicosia (Enna, Sicilia) y la materna, de Sorrento (Nápoles). En la actualidad, Juan mantiene vivo ese legado a través de los diferentes espacios que ocupa: desde su profesión hasta la participación en la colectividad. Es Profesor de Educación Física y Gestor Deportivo. Por si fuera poco, dentro de la italianidad, representa a La Circunscripción Consular de Mar del Plata y a la Unione Regionale Siciliana Argentina (URSA). En la entrevista de hoy, Juan Ignacio Ugliarolo mira hacia sus raíces, la historia familiar que construyó su identidad. Con el corazón en el pasado, los pies en el presente y la mirada puesta en el futuro, Juan comparte su perspectiva sobre la colectividad y deja un mensaje a las nuevas generaciones.
¿Quién es Juan Ignacio Ugliarolo?
Es oriundo de San Martín de Los Andes (Neuquén) y actualmente vive en Santa Clara del Mar (Buenos Aires). “Me siento muy argentino y muy italiano”, se define rápidamente. Su familia paterna proviene de Nicosia (Enna, Sicilia) y la materna, de Sorrento (Nápoles). Es Profesor Nacional de Educación Física, Guardavidas, Gestor Deportivo y docente. Además, actualmente está estudiando Abogacía en la Universidad Nacional de Mar del Plata (UNMDP). “Un artista que construye y alimenta día a día en cada aula, momentos, entre miradas que sostienen, juegos, proyectos y sueños. Cuando me refiero a la profesión diría comerciante y desde la cuna. Me gustaría saber más sobre economía. Y, en ocasiones, me dedico a lo administrativo en materia legal, es un bichito que me pico casualmente”, explica.
Un vínculo identitario con Italia
Por si fuera poco, Juan Ignacio es egresado de la Diplomatura en Estudios y Gestión de las Instituciones de la Colectividad Italiana en Argentina (CIAAE UBA). Es representante de La Circunscripción Consular de Mar del Plata y de la Unione Regionale Siciliana Argentina (URSA). “Hoy en día, soy Gestor Deportivo por el Comité Olímpico Internacional (COI) y el Comité Olímpico Argentino (COA). Estoy ligado al movimiento olímpico, centrado en el rol activo en la toma de decisiones, la coordinación intergubernamental y el diseño de planes y programas que impactan el desarrollo deportivo territorial”.
Con la Sicilia nel cuore
Más allá de su profesión y de la vinculación actual con la colectividad, Juan Ignacio debe su identidad a las raíces. Esta historia comienza del otro lado del océano, en aquella tierra cuyos ecos resuenan desde lejos. El relato nos lleva a Nicosia, ciudad italiana situada en la provincia de Enna (Sicilia). “En 1911 nació Félix Ugliarolo, en el mismo año nació Antonia Proietto”, comienza Juan Ignacio, haciendo memoria con la mente y también con el corazón. “Don Félix estuvo en la II Guerra Mundial en la India durante 6 años y conoció el continente Africano, durante la guerra, nada fortuito”. Juan Ignacio no llegó a conocer a Antonia, la nonna paterna. De todos modos, gracias a las anécdotas que le contaron sus padres y allegados, sabe que tuvo un don en el oficio de la costura, “sin estudios, sin medir el molde, ni tomar medidas, realizaba prendas a medida. Venían de todas partes a solicitar vestidos”.
Un viaje que comienza en Italia
Casi como recitando el viaje que debieron atravesar sus abuelos, al igual que otros tantos italianos, Juan Ignacio evoca la situación harta conocida pero tan cercana de los inmigrantes. “Extenuados de enfrentar los problemas económicos o las persecuciones, tomaron la decisión de buscar un futuro mejor viajando a América. Entonces, los muy jóvenes iniciaron su viaje con la ilusión, como se decía en esa época, de ‘hacer la América’. En el puerto de Buenos Aires, los recién llegados pasaban unos días en el Hotel de Inmigrantes, donde hacían los trámites de ingreso al país e intentaban conseguir trabajo y alojamiento. O eran recogidos en el puerto por algún paisano o conocido suyo, que había migrado antes y los ayudaba a instalarse”.



El abuelo Félix no fue la excepción. “Cuando llegó a Argentina en 1949, como acusa el certificado de arribo, quedó registrado Felice Ugliarolo de nacionalidad italiana procedente de Palermo. Viajó en el Buque “Protea”. Félix era albañil. Llegó solo y se alojó en el hogar del primo, lugar donde tiempo más tarde construiría la casa familiar”. La nonna Antonia arribó tiempo más tarde, en 1952, en el buque ‘Santa Fe’. “La nonna llegó con Giovanni Ugliarolo (de 7 años), quien sería ‘Nino’ para muchos, y Francesca (de 5 años), ambos italianos. Y, en 1953, nació su tercer hijo llamado Miguel Ángel Ugliarolo, argentino. Mi padre Nino terminó el último grado de primaria en el turno noche (hoy sería la nocturna) con 16 años. En esos tiempos, a temprana edad ya trabajaba. Desde el momento que pisó tierra argentina, siempre fue un innovador y emprendedor. Trabajó en varios oficios y se destacó en el gremio de comercio”.
De Nápoles a Argentina
La familia materna también tiene gran influencia en la vida de Juan Ignacio Ugliarolo. “En 1915 nació Josefina D´angiolo. Vivió la II Guerra Mundial, abuela que pude conocer y vivió con nosotros muchos años, en Ramos Mejía (Provincia de Buenos Aires). En el mismo año, también nació Francisco Esposito, marino militar. En 1947 se casaron. Mi abuela fue ama de casa, no tuvo oficio y tuvieron tres hijos: Raimundo, Rosa y Ana. Todos, argentinos. La familia Esposito vendió todo lo que tenía al finalizar la guerra y viajaron a la Argentina. En la nueva tierra, mi abuelo Francisco tuvo una pescadería”.
Sorrento y Nicosia se unen en Bariloche
Recordemos. La familia paterna de Juan Ignacio Ugliarolo provenía de Nicosia (en Sicilia), mientras que el lado materno era de Sorrento (Nápoles). Algunos dirán que fue el destino, otros la casualidad o la causalidad. Lo cierto es que los descendientes de dichas regiones se cruzaron el Bariloche (Rio Negro). Corría el año 1970. En un viaje, coincidieron los destinos de las familias Ugliarolo y Espósito, los padres de Juan Ignacio se conocieron y con el tiempo se casaron en 1974. Luego de haber vivido en Ramos Mejía, la nueva familia se mudó a Santa Clara del Mar, localidad vicina a Mar del Plata. Allí se inauguró, en 1985, una mueblería “NINO Amoblamientos”, el emprendimiento familiar que continúa hasta la actualidad.
“Sin darme cuenta, estuve ligado toda mi vida a la italianidad”
Muchas veces es difícil recordar el punto exacto donde nuestra vida como ítalo-argentinos empieza a tener sentido en esa doble identidad. Ambas tradiciones laten al mismo ritmo en las venas de los descendientes. Así le sucedió a Juan Ignacio. La italianidad está viva en su familia “a través de la historia, anécdotas de la familia, escuchando los relatos en las sobremesas de cómo arribaron a la Argentina, y se establecieron de forma definitiva en el país”.


Aún recordando los días de su niñez, Juan hace foco en su pasado: “solamente pude conocer a mi abuela materna, Josefina, con quien convivimos durante gran parte de mi infancia y adolescencia. Ella me inculcó cada rincón de Italia, con sus aromas en la cocina como al escribir las cartas manuscritas de puño y letra. Así se relacionaba con la familia que había quedado del otro lado del horizonte. Sin darme cuenta, estuve ligado toda mi vida a la italianidad”.
La familia, como centro
“Siempre tengo el foco en mi familia: pasado, presente y futuro. Aquellos inmigrantes que dejaron todo, cruzaron el océano en busca de una vida mejor para sus hijos. Veo a mis padres y a mi familia con nostalgia. No nos falta nada por el sacrificio que hicieron mis abuelos y antepasados”. ¿Una enseñanza que le transmitieron? “Algo que nunca me van a quitar: el estudio, la formación, la capacitación, practicar deporte, ser un profesional. Y, por sobre todas las cosas, ser buena persona”.
Un momento bisagra en la vida de Juan Ignacio Ugliarolo
Aun cuando es difícil escindir de la vida de Juan Ignacio qué recuerdos pertenecen netamente a lo argentino y cuáles otros son propiamente italianos, hay hitos que cambian el curso de la historia. Uno de ellos llegó en su adolescencia. “Al cumplir mis 18 años, me habían citado para alistarme a la Marina Militare. Se trata de una de las cuatro ramas que componen las Fuerzas Armadas de Italia. Se encarga de la vigilancia, defensa y custodia de las aguas territoriales italianas y de las operaciones navales en aguas internacionales, a la cual pertenecía mi abuelo materno”.

“En ese momento, me encontraba finalizando mis estudios secundarios y comenzando la etapa terciaria. Estaba enfocado en mi vida profesional. En 1996, el reclutamiento obligatorio seguía vigente para los jóvenes italianos y justamente en este tiempo, estuvo latente por la guerra de Bosnia. Mi madre, que había vivido las atrocidades de la guerra por los relatos de mis abuelos, prefirió que continúe con mis estudios y renuncie al servicio militar. Fue una época muy marcada para mí”.
El deporte, donde la argentinidad y la italianidad se encuentran
A veces el destino se cruza donde menos lo esperamos y siembra semillas de futuro. Uno de esos lugares fue, para Juan Ignacio, el Estadio José Amalfitani, uno de los anfitriones de la Copa Mundial de Fútbol de 1978. Año en que nació nuestro entrevistado. ¿Casual o causalmente?, Juan cursó en la escuela de dicho club parte de su educación secundaria. “El Club Atlético Vélez Sarsfield tiene una profunda relación histórica y cultural con Italia, iniciada por la fuerte presencia de inmigrantes italianos entre sus socios fundadores en 1910”. Desde ese momento, una llama que no se apagaría, se prendió en su vida. “Trabajé en el Club Italiano, como coordinador deportivo. Así me despertó la curiosidad de estudiar y participar en la historia de nuestros países en los Juegos Olímpicos de 1992. Comencé a interiorizarme de las diferentes actividades de las regiones, en ese momento ligado a la circunscripción Italiana de Morón”.
“La MaraTana no solo es un deporte, también es cultura”
La MaraTANA, en sus diversas ediciones, también marcó el camino de Juan Ignacio y le permitió unir, en un solo lugar, sus dos pasiones. “En representación de Mar del Plata fue un honor estar en la gran fiesta del mundo del running. Elegí la MaraTANA porque significa volver a los orígenes. Correr es algo natural. Es la actividad deportiva más democrática del mundo porque te permite correr con los mejores. Por otro lado, poder compartir con colegas, camaradas de diferentes regiones y compañeros del CIAAE es algo único. Me parece una iniciativa fantástica, así como un desafío muy grande para mí. Esto sirve para afianzar las relaciones con las nuevas generaciones y el deporte es transversal. Correr me permite enfocarme en mis ideas y proyectos, me ayuda mentalmente pero también en el aspecto saludable. La MaraTana no solo es un deporte, también es cultura”.

La importancia de cursar la Diplomatura en Estudios y Gestión de Instituciones Italianas en Argentina
El último empujón para acercarse activamente a la colectividad italiana llegó de la mano de la Diplomatura en Estudios y Gestión de Instituciones Italianas, desarrollada por el CIAAE. “En 2018 se llevó a cabo en Mar del Plata el Primer Congreso de Jóvenes Ítalo-Argentinos. Allí, y bajo la premisa de estrechar lazos colaborativos entre las distintas asociaciones y agrupaciones de descendientes de italianos en el país se sembró el germen de lo que luego se convertiría en la Diplomatura. Desde aquel momento, estuve buscando la posibilidad de cursarla y participar activamente en la colectividad. La diplomatura vino a llenar una necesidad: dotar a las nuevas generaciones de herramientas concretas para pensar su práctica dirigencial dentro de las instituciones de la colectividad y garantizar un traspaso generacional de calidad”.
La mirada de Juan Ignacio Ugliarolo sobre la colectividad italiana
Frente a la extensa trayectoria de Juan Ignacio dentro de la colectividad italiana, una pregunta se vuelve obvia, casi obligatoria. “Hoy en día, se ve un desgaste en cada comisión directiva en general. Les cuesta ceder lugar a los jóvenes y a aquellos idóneos en sus especialidades. Actualmente solo veo una lucha de egos. Por eso, elijo mantener vivo el legado, como es el de mi padre, Nino. Él es un inmigrante a seguir, un ejemplo de vida. Supo sobrepasar tiempos muy duros. Por ese motivo, prefiero llevar adelante los proyectos institucionales, por sobre las personas”.
Si pudieras volver a hablar con tus antepasados, ¿Qué les dirías?
“Si pudiera hablar con mis antepasados, les diría que a veces nos enfocamos tanto en lo que nos falta, que nos olvidamos de todo lo que tenemos. Debemos valorar cada momento. Siempre se puede volver a empezar. No se trata solo de llevar un apellido, ni tener un acta de nacimiento. Es saber de dónde viene el canto, el aroma de la cocina, la sobremesa en familia, y hacia dónde se mueve nuestro corazón”.
El mensaje de Juan Ignacio Ugliarolo a las nuevas generaciones
Casi terminando con la entrevista, Juan Ignacio deja un mensaje a los jóvenes ítalo-argentinos. “La idea central que quiero transmitir es que se involucren activamente en la comunidad, en cada región. Lleven ideas, proyectos, muevan las mesas de cada comisión directiva. Como dijo el Papa Francisco ‘hagan lio’, entendiendo que no son solo el futuro, sino los líderes del presente. Mantener viva la herencia cultural y aportar ideas innovadoras para el futuro de las instituciones es esencial”.

