Si paseamos por Argentina, muchos son los edificios, parques, monumentos y estilos que nos remiten al bel paese. Que nos cuentan historias de otras épocas, en cuyas calles escuchamos ecos de tierras lejanas. Muchos arquitectos y artistas italianos sentaron las bases de la arquitectura urbana nacional. La Ciudad de Buenos Aires no es la excepción. Uno de dichos edificios que habla la lingua de las raíces es la Biblioteca Nacional Mariano Moreno, ubicada en el barrio porteño de Recoleta. ¿Sabés por qué es importante para un país? O ¿por qué la sede actual parece una edificación un tanto extraña para una biblioteca? En esta nota, los invitamos a conocerla y develar todos sus secretos.
Argentina a la luz de la inmigración italiana
Los latinoamericanos y los argentinos sabemos que somos hijos de distintas corrientes migratorias que llegaron a nuestro país en varios momentos de la historia nacional. Nuestros antepasados trajeron con ellos no solo a sus familias, sino también sus creencias, costumbres, comidas y el propio idioma. Pero nos quedamos cortos. No nos olvidemos de sus profesiones y oficios. En pocas palabras, su arte. Los inmigrantes se distribuyeron por diferentes puntos de nuestro país y así, aportaron las bases de nuestra cultura, literalmente hablando. Hoy caminamos por el país y es posible reconocer los distintos estilos artísticos y arquitectónicos que la habitan. No por nada se define a Argentina como un mosaico de culturas. Reúne diferentes corrientes artísticas sin provocar rechazo ni supremacía de una sobre otra. Es simplemente así una moderna babilonia arquitectónica.
Un poco de historia, los comienzos de la Biblioteca Nacional
Al igual que la historia de nuestro país, la Biblioteca Nacional también surgió en los albores de la Revolución de Mayo. Nuevas ideas flotaban en el aire y todas ellas nutrieron a la incipiente institución. Nació como Biblioteca Pública de Buenos Aires de la mano de Mariano Moreno un 13 de septiembre de 1810, durante el gobierno de la Primera Junta. Es por ello que, cada 13 de septiembre, se celebra a nivel nacional el Día del Bibliotecario.

Este hecho fue importante ya que se fundó la primera biblioteca pública impulsada por las autoridades gubernamentales, por fuera de las esferas religiosas. Aquella biblioteca tuvo su primera sede en el Cabildo durante dos años. Luego, al abrirse al público y por la cantidad de volúmenes que albergaba, se mudó a la Manzana de las Luces, en la intersección de las calles actuales Moreno y Perú. Mariano Moreno impulsó su creación en el marco de un conjunto de medidas que estaba llevando a cabo. Dentro de este plan, también se encontraba la fundación de la Gazeta de Buenos Aires en junio del mismo año. Ambos proyectos estaban estrechamente vinculados y tenían un mismo objetivo: formar una ciudadanía atenta a la vida política y cívica.
Con ideas revolucionarias
Asimismo, el primer fondo bibliográfico de la entonces Biblioteca estaba conformado por la colección expropiada perteneciente al obispo Orellana, juzgado por conspirar contra la Junta. Este primer patrimonio también fue constituido por las donaciones de José Luis Chorroarín, Manuel Belgrano, del Cabildo Eclesiástico y del Real Colegio San Carlos. Los inicios de dicha Biblioteca estaban profundamente hermanados con los ideales revolucionarios de nuestra incipiente Nación. Antes de la existencia del Estado Argentino como tal, la Biblioteca ya se constituía como un agente difusor de tales ideas. En pocas palabras, la creación de la Biblioteca Pública es un hecho estrictamente político y así fue pensado por su fundador.
De la Biblioteca Pública a la Biblioteca Nacional
El presbítero Luis José Chorroarín fue el primer director de la Biblioteca Pública de Buenos Aires. Luego, vendrían tantos otros como Saturnino Segurola, Fray Cayetano Rodríguez, Manuel Moreno (hermano de Mariano), Marcos Sastre, Carlos Tejedor, José Mármol (autor de Amalia), Vicente Quesada, Manuel Trelles y José Antonio Wilde. En octubre de 1884, la Biblioteca Pública se nacionaliza. Un año más tarde, el escritor y bibliotecario francés Paul Groussac asume su dirección, que ocupó durante – nada menos que – 44 años. Gracias a su gestión, la Biblioteca se mudó, nuevamente, al edificio situado sobre la calle México 564, en el barrio de San Telmo.


¿Un dato curioso? La idea original era que dicha sede estuviera destinada a la Lotería Nacional. El edificio había sido construido en 1896 por otro italiano, el arquitecto Carlos Morra. En la actualidad, se la conoce como Biblioteca Borges. Y tiene la misión de conservar, acrecentar y difundir el patrimonio en relación a la obra y la figura del escritor y también Director de la Biblioteca Nacional, Jorge Luis Borges. Dichas salas que el mismo Borges ocupó durante 18 años, tiempo en el que fue su flamante director, hoy están abiertas al público y pueden ser visitas de manera gratuita con inscripción previa.
Los bibliotecarios, algunos datos curiosos
Durante la estadía de Paul Groussac, la Biblioteca vivió un proceso de modernización, se creó la Sala del Tesoro y se duplicaron los fondos bibliográficos. Se convirtió en un punto de referencia para el pensamiento argentino, en cuanto a temas históricos y a la crítica literaria. En el siglo XX, se sucedieron otros tantos directores: José Luis Lanza, Carlos Merlo, José Edmundo Clemente (bibliotecario), Gustavo Martínez Zuviría y el prolífico escritor Jorge Luis Borges. Es importante aclarar que, de los múltiples directores que tuvo la Biblioteca Nacional, solo pocos eran bibliotecarios de profesión: Manuel Trelles, José Edmundo Clemente y Elsa Barber. En cambio, otros tantos escritores, historiadores, periodistas, filósofos, hombres de la cultura han ocupado y ocupan dicho puesto. Si bien Borges dio a la Biblioteca cierto prestigio cultural, no avanzó en materia de organización de la información propio del carácter bibliotecario. La actual Directora de la BN, Susana Soto (quien ostenta el cargo desde 2023) fue coordinadora del Sistema de Bibliotecas de la UBA, dirigió bibliotecas universitarias y se desempeñó como secretaria de Biblioteca y Banco de Datos. ¿Otro dato curioso? Algo más que llama la atención de la historia de la Biblioteca Nacional es que tres de sus directores fueron ciegos: José Mármol, Paul Groussac y, claro está, el ya conocido Jorge Luis Borges.
El edificio actual de la Biblioteca Nacional
Algo que siempre (pre)ocupó a los directores de la Biblioteca Nacional fue el tema del espacio destinado a albergar los volúmenes. Con el paso del tiempo, el fondo bibliográfico de la BN fue creciendo exponencialmente. De hecho, la principal causa de las repetidas mudanzas es que los depósitos no daban abasto para almacenar tal cantidad de libros. De este modo, durante la gestión de Borges surgió la necesidad de mudar nuevamente la colección a un nuevo edificio. Por lo tanto, el gobierno del entonces Presidente Arturo Frondizi determinó que la Biblioteca Nacional se erigiera donde, hasta 1956, se había encontrado el Palacio Unzué. Ésta había sido la residencia presidencial de Juan Domingo Perón y de su esposa, Eva, quien también falleció en el lugar. Luego fue bombardeada y demolida por la Revolución Libertadora.
El proyecto de Clorindo Testa
Se destinaron tres hectáreas para la nueva sede, entre las avenidas del Libertador General San Martín y Las Heras, y las calles Agüero y Austria. Para la construcción del edificio se realizó un concurso de anteproyectos del cual participaron grandes estudios de arquitectura de la época. Había un criterio importante: el proyecto debía cuidar y no ocupar el espacio verde que hoy conocemos como la Plaza del Lector.
El elegido fue la presentación realizada por el arquitecto italiano Clorindo Testa, Alicia D. Cazzanica y Francisco Bullrich. En lugar de un edificio macizo apoyado en el suelo, la idea de Testa propone un volumen principal elevado sobre pilotes. De esta forma, el edificio parece flotar. Asimismo, dicho proyecto aprovechó el desnivel natural de la barranca en la cual está apoyado. No invade el paisaje, lo dialoga desde arriba y permite tener una hermosa vista de la ciudad y al Río de la Plata desde los pisos superiores. Si bien el proyecto ganó el concurso en 1962, la construcción se demoró durante décadas y su inauguración fue recién en 1993. Esta es la sede actual y, por ahora, definitiva.
De tortugas, árboles, mesas y gliptodontes: la simbología de la edificación
Si observamos el edificio actual de la Biblioteca Nacional, veremos que sobresale a las edificaciones de estilo francés que lo rodean. No se parece en nada a ellas. Esto se debe a que posee características notables del diseño brutalista. Este estilo, surgido en la década ‘50, se caracteriza por dejar a la vista las estructuras de hormigón armado y tratarlas de manera escultórica. Es un movimiento moderno posterior a la Segunda Guerra Mundial. Puso en evidencia el material, despojando los diseños de ornamentación y priorizando la funcionalidad. De hecho, el edificio está construido con solo hormigón. A lo largo y a lo ancho, no encontraremos ni un solo ladrillo. Es por ello que durante gran parte de la historia de la arquitectura nacional, el edificio (y su arquitecto) fueron puesto bajo estudio. Frente a su particular forma, surgen diversos significados. Algunos defienden que la estructura se asimila a una mesa con sus cuatro patas.
Otros notan en ella cierta similitud con una tortuga. Fue el mismo Clorindo Testa quien en alguna entrevista habló de la Biblioteca Nacional como un gran gliptodonte, mamífero prehistórico parecido a un armadillo gigante. Casi como si fuera un chiste del destino o una coincidencia borgeana, años más tarde cuando se hicieron las excavaciones del edificio, se hallaron restos fósiles en el terreno, entre ellos fragmentos de un gliptodonte. Otros ven en la edificación ecos de un árbol con las raíces bajo tierra. Esta última acepción podría justificarse sabiendo que la colección de la Biblioteca Nacional, es decir aquello que la vivifica, se encuentra en los subsuelos que se extienden bajo la Plaza del Lector.
Un breve recorrido por la Biblioteca Nacional
Para ingresar a la Biblioteca Nacional, debemos subir por la rampa que nos posiciona directamente en la planta baja. Debajo se encuentran los tres subsuelos destinados a los depósitos de los libros. Tales depósitos fueron pensados estratégicamente por el gran Clorindo Testa. Primero, el material bibliográfico que es muy pesado no recarga la estructura edilicia, por encontrarse bajo tierra. Los libros no son afectados por la luz solar, ni por las diferentes temperaturas. En la actualidad, solo uno de los subsuelos es usado en su totalidad. De esta forma, da la posibilidad de que el acervo bibliográfico continúe creciendo sin la necesidad de construir otro edificio. Debemos tener en cuenta que los usuarios y lectores no pueden acceder a los depósitos, solo pueden hacerlo los trabajadores de la Biblioteca. Entonces, ¿Cómo podemos encontrar los libros? Se solicitan en 5° piso a los bibliotecarios especializados.
Una biblioteca con nombre y apellido
Por otro lado, en el entrepiso se sitúan las salas de Hemeroteca, la sala de lectura para no videntes y las oficinas administrativas de la Biblioteca Nacional. Entre el entrepiso y la planta baja, en un sector separado, encontramos la Escuela Nacional de Bibliotecarios. Ésta fue creada en 1956, gracias al vice director (José Edmundo Clemente) y a la bibliotecaria Josefa Sabor. La Escuela tiene carácter de instituto de formación profesional de nivel terciario y otorga el título de Técnico Superior en Bibliotecología.


Además, la Biblioteca cuenta con siete pisos de los cuales cinco de ellos están destinados al usuario. De esta forma, la Biblioteca posee un auditorio, salas de exposiciones, una audioteca y mediateca, la fototeca, la mapoteca, la Sala del Tesoro y un Archivo de manuscritos y materiales inéditos. En los últimos pisos, con vista al Río de la Plata, se encuentran las salas de lectura (parlante y silenciosa) y el sector de Referencia. El 28 de noviembre de 2012, mediante la Ley 26.807, finalmente se le otorgó el nombre de Mariano Moreno. De esta forma, se le brinda homenaje a su fundador, al hombre que la vio nacer e impregnó en ella sus ideas más profundas.
Un símbolo vivo de la memoria argentina
La Biblioteca, tal como su nombre lo indica, le pertenece al Estado Nacional y a todos los argentinos. ¿Todos podemos ingresar? Si, el acceso es libre y gratuito. Solo debemos presentar el DNI, un pasaporte o algún documento que acredite nuestra identidad. El préstamo del material también es gratuito. ¿La única condición? No podemos extraerlo de los límites de la Biblioteca, solo puede ser consultado dentro de la Sala de Lectura o, en su defecto, de las salas especializadas. Los servicios presenciales al público funcionan de lunes a viernes de 9 a 21 hs, sin turno previo y los sábados y domingos de 12 a 19 hs. La Biblioteca también cuenta con visitas guiadas, de lunes a viernes a las 12 hs. y sábados a las 14 y a las 16 hs. No se requiere reserva previa y tienen una duración aproximada de 90 minutos.
Es importante resaltar que la Biblioteca Nacional no sólo atesora toda la producción nacional y extranjera sobre un país, sino que también la organiza y la difunde. Se estima que posee más de dos millones de libros y miles de publicaciones periódicas (diarios y revistas). Constituye el centro bibliográfico por excelencia, cuyo objetivo primordial es la difusión y promoción de la cultura nacional. Así, entre capas de historia, migraciones, ideas y formas, la Biblioteca Nacional se revela como mucho más que un edificio: es un símbolo vivo de la memoria argentina. Desde sus orígenes revolucionarios hasta su audaz sede actual, cada rincón guarda una historia que nos cuestiona e interpela. Quizás por eso, visitarla no es solo recorrer sus salas, sino también reconocernos en ese entramado de pasado y presente que, como un gran gliptodonte de hormigón, sigue custodiando el conocimiento de todos.



